Tacaná

Propiedades en Tacaná, Guatemala.

En 1994 Tacaná tenía 126 comunidades; veinte años después ya eran 175, y la mayoría de las nuevas son cantones, colonias y caseríos que surgieron donde las familias partieron su tierra para construir. Así se mueve la propiedad en este municipio fronterizo de San Marcos, Guatemala, que tiene a Chiapas del lado oeste y su cabecera a 2,416 metros, al pie del volcán Tacaná. En el mercado local circulan sobre todo terrenos de siembra por cuerda, lotes para vivienda sacados del terreno familiar y casas de adobe o de block en los barrios del pueblo y en las aldeas grandes. Fuera del casco urbano y de la carretera que viene de San Marcos todo es terracería, y la facilidad para llegar cambia mucho de una comunidad a otra. Antes de enamorarse de la vista, revise el camino y los papeles.

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Sobre Tacaná:

El municipio ocupa la esquina noroccidental de San Marcos, por donde la Sierra Madre entra a Guatemala desde México. Al oeste tiene a Chiapas; al norte, a Tectitán y Cuilco, en Huehuetenango; al este, a San José Ojetenam e Ixchiguán, y al sur, a Sibinal. Se entra por la RN-12 Norte: son 72 kilómetros desde la ciudad de San Marcos, pasando por Ixchiguán, y algo más de 320 hasta la capital. El tramo de Ixchiguán a Tacaná está muy deteriorado y ha necesitado bacheo una y otra vez, así que conviene salir con tiempo. Hay otra entrada por la ruta 7W desde Tectitán, que pasa por El Naranjal, Los Andes, Corrondán, La Esperanza y Tuicoche, y los dos caminos que llegan a la línea con México son de balasto, sin asfalto.

La mayoría de los hogares vive del campo y de la crianza de animales. Papa y maíz son los cultivos principales, y también se produce tomate y café. La cabecera es el centro comercial: sus dos mercados abren todos los días y el domingo la plaza se llena de cosecha local, ropa, zapatos, comida preparada, ganado y mercadería que viene de México. Las comunidades pegadas a la frontera suelen vender del otro lado, porque les queda más cerca y les pagan mejor, y trabajar en Chiapas forma parte de la economía familiar desde hace mucho. La fiesta grande es el 13 de agosto, en honor a la Virgen de la Asunción, con tambor y chirimía.

El terreno sube desde los cantones cálidos del norte, como La Esperanza, Yerba Santa y Corrondán, hasta un pueblo frío y aldeas todavía más frías alrededor de Cheguaté, Las Nubes y Tohamán, donde las heladas de octubre a febrero mandan sobre la siembra. Llueve de mayo a octubre, con la canícula de julio de por medio, y es entonces cuando se cierran los caminos rurales y se vienen abajo las laderas. La tormenta Stan destruyó 764 viviendas en Tacaná en 2005 y lo dejó entre los municipios con más víctimas del país; Agatha en 2010 y el terremoto de noviembre de 2012 sumaron más daños. La mayoría de las casas son de adobe, y eso explica buena parte de las pérdidas. Nacimientos de agua no faltan: en Cheguaté, Canibalillo y Toacá riegan por gravedad y en San Pablo por aspersión, de modo que una parcela con agua propia juega en otra liga que una que depende del invierno.

Menos de uno de cada ocho habitantes vive en la cabecera. Los demás están repartidos en 15 aldeas, 11 cantones y más de 130 caseríos, agrupados en microrregiones con sus propios consejos de desarrollo. Los hogares no dejan de multiplicarse, y en un terreno tan quebrado esa presión cae sobre la tierra: siguen surgiendo poblados nuevos allí donde las familias necesitan espacio para construir. La luz llega a casi todas las viviendas y el agua entubada a la mayoría, pero el drenaje todavía es cosa de pocos.

Casas en Tacaná:

En el pueblo, las casas dan a calles pavimentadas de barrios y colonias, a pocas cuadras de los mercados, de la municipalidad y de la terminal, de donde salen mototaxis, picops y microbuses hacia las aldeas. El adobe sigue siendo lo más común; el resto es de block. Si está viendo casas en venta en Tacaná, empiece por las paredes: busque grietas, pregunte cómo aguantó la casa el terremoto de 2012 y fíjese qué hay en la ladera de arriba. En las aldeas la casa suele incluir la parcela que la rodea, y entonces las preguntas se amplían: de dónde sale el agua, adónde van las aguas servidas y si el camino de terracería sigue abierto en septiembre.

Terrenos y Lotes en Tacaná:

La tierra se vende por cuerdas, en parcelas que van de unas pocas a más de una docena, en aldeas como Valle Verde y El Rosario. Como el tamaño de la cuerda cambia según la costumbre del lugar, pida que el vendedor y un medidor dejen el área en metros cuadrados antes de entregar un centavo. Lo primero que anuncian los vendedores de aquí es el acceso, y con razón: a una parcela adonde no entra un picop en invierno se llega a pie. La altura decide el resto. En lo alto, cerca de Cheguaté o Las Nubes, la helada marca el calendario de la papa y el maíz, y donde hay un nacimiento cerca se puede regar. Antes de comprar terrenos en Tacaná, camine el lindero con cada vecino y confirme que la parcela tenga su propia inscripción.

Preguntas frecuentes:

  • ¿Cómo se llega a Tacaná?

    Desde la ciudad de San Marcos se toma la RN-12 Norte y se pasa por Ixchiguán. Son 72 kilómetros, y el último tramo antes de Tacaná está en mal estado. Desde Huehuetenango hay otra entrada por la ruta 7W, vía Tectitán. Ya en el pueblo, de la terminal salen mototaxis, picops y microbuses hacia las aldeas.

  • ¿Un extranjero puede comprar en Tacaná?

    Tacaná colinda con México, y el artículo 123 de la Constitución reserva los inmuebles rústicos situados a menos de 15 kilómetros de la frontera a guatemaltecos de origen y a sociedades integradas por ellos. Gran parte del municipio queda dentro de esa franja. Los bienes urbanos están exceptuados, así que una casa en la cabecera no corre la misma suerte que una parcela en una aldea. Pida a un notario que confirme la situación del inmueble antes de acordar el precio.

  • ¿Qué riesgos tiene comprar tierra en Tacaná?

    Dos: el suelo y la partición. Stan arrasó miles de cuerdas de siembra y cientos de casas, y en el año 2000 un deslizamiento destruyó 12 viviendas en el cantón La Esperanza, de la aldea Tuicoche; mire qué hay ladera arriba y por dónde corre el agua después de un aguacero. Si la parcela salió de un terreno familiar repartido para construir, compruebe en el Registro de la Propiedad que tenga finca propia y no sea solo una parte del título de los padres, y que los parientes del otro lado del cerco estén de acuerdo en dónde termina.

  • ¿Cuándo conviene construir en Tacaná?

    En la época seca, de noviembre a abril. De mayo a octubre la lluvia cierra caminos de terracería y vuelve incierta la entrega de block, arena y cemento, y en las aldeas altas la helada de octubre a febrero puede dañar el concreto fundido al final del día. Hasta entre marzo y septiembre caen heladas sueltas en noches despejadas, así que programe las fundiciones por la mañana.

  • ¿Qué día es día de plaza en Tacaná?

    El domingo. Los dos mercados del pueblo abren a diario, pero el domingo se arma la plaza con feria de ganado, y la gente de las aldeas llega a comprar lo que en sus comunidades no hay. Junto a la papa y el maíz de aquí se encuentra mercadería mexicana.