Barcos En Venta
Compra y vende lanchas y barcos en Guatemala.
Frente a Sipacate y Champerico la embarcación que trabaja es la tiburonera: una lancha larga de fibra de vidrio con motor fuera de borda de gasolina y hielera, hecha para que dos pescadores pasen varios días en el mar. Las lanchas de fin de semana en Amatitlán y las que llevan pasajeros por el lago Petén Itzá siguen la misma receta de casco más motor, igual que casi todas las embarcaciones completas que salen a la venta, nuevas o usadas, junto a veleros, motos acuáticas y neumáticas. Sea cual sea el tipo, una usada vale sobre todo por su motor, así que lee primero los datos del motor.
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Tiburoneras, lanchas deportivas y neumáticas:
la lancha de trabajo y la de paseo comparten el motor fuera de borda y poco más. La tiburonera es un casco de fibra angosto y pesado, con motor de caña, hielera y casi ningún asiento. Aguanta golpes y tarda en planear, lo que le sirve a un pescador. Una bowrider o una de consola central hecha para pasear trae timón, parabrisas, tapicería y muchas veces el nombre de un fabricante estadounidense en el casco, y va más seca y rápida con más piezas que se gastan. Las lanchas de aluminio remachado quedan en medio: livianas, fáciles de remolcar y cómodas en un lago, no tanto en el oleaje del Pacífico. Para un bote auxiliar o algo que quepa en un pick-up, mira las lanchas neumáticas, dentro del grupo más amplio de lanchas a motor. Los veleros y las motos acuáticas van aparte, y un casco que no trae ruedas necesitará uno de los remolques.
Una lancha usada vale sobre todo por su motor:
una lancha de fibra o de aluminio de 16 a 18 pies, con su motor y muchas veces con tráiler, suele cambiar de dueño por unos Q30,000 a Q50,000, y un fuera de borda nuevo con fuerza para hacer planear ese casco cuesta eso mismo o más por sí solo. El casco es lo barato: la fibra dura décadas si nadie la estrella contra las piedras. Una lancha con el motor para reparar es en realidad un casco más una cuenta de taller, y una con un cuatro tiempos reciente puede pedir con razón más de lo que su año sugiere. Fíjate también en que el motor le quede al casco. Una tiburonera pesada con poco motor nunca va a planear cargada, y un casco liviano con mucha más fuerza de la prevista se vuelve peligroso cuando el agua se pica.
Gelcoat, quilla y placa de capacidad en un casco usado:
revisa la lancha fuera del agua y con luz de día. Las grietas en forma de telaraña en el gelcoat cerca de la proa o del motor muestran que el casco se ha flexionado o recibió un golpe, y las ampollas bajo la línea de flotación indican que entró agua en el laminado. Pasa la mano por la quilla: una lancha arrastrada durante años por playas y rampas la tiene gastada, y la pintura fresca o un parche de otro blanco suelen tapar una reparación por la que conviene preguntar. Las lanchas fabricadas en Estados Unidos llevan una placa de capacidad junto al timón o en la popa con la potencia y la carga máximas del casco: compárala con el motor que trae. Las tiburoneras hechas en el país casi nunca la llevan, así que pregunta quién la construyó. Pide una prueba de compresión del motor: cilindros con lecturas parejas indican un motor con vida, y uno bajo es una reparación que ya viene. En una neumática, revisa la tela de los tubos, porque el Hypalon aguanta el sol del trópico mucho mejor que el PVC, que se pone pegajoso y se abre por las costuras. En una moto acuática, revisa el impulsor por muescas de la arena chupada en la orilla.
Anunciar una lancha que alguien tendrá que remolcar:
descríbela con las palabras que usa quien busca, tiburonera, panga, bowrider o consola central, con el largo, el material del casco y quién la fabricó. Deja claro si el motor y el tráiler entran en el precio, porque muchos dueños venden el casco cansado por un lado y el motor por otro, y quien maneja hasta allá necesita saber qué va a ver. Toma fotos del fondo del casco, del motor sin la tapa y del puesto de mando, y anota los tanques, chalecos y ancla que van con ella. Y di exactamente dónde está, en una casa de la capital, en una marina o en la arena de la costa, porque el comprador tiene que llegar con un carro y un enganche capaces de sacarla y subirla por la carretera hasta el altiplano, y una lancha varada en la playa pide otro plan que una que ya espera sobre su tráiler.