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Un repello que hay que rehacer, una mudanza de Palencia a San Lucas Sacatepéquez, sillas y un toldo para el bautizo del sábado: casi todo el trabajo que se contrata en Guatemala se arregla con una persona que tiene el oficio, la herramienta y muchas veces un picop. Albañiles, plomeros, electricistas y herreros se anuncian junto a fleteros, tutores y las familias que alquilan mobiliario para fiestas, y también las empresas que mandan cuadrilla para los mismos trabajos. Antes que nada, acuerde cómo se cobra, por día, por metro o por viaje, y hágalo directo con quien va a llegar a la casa.

Albañiles, herreros y electricistas para la casa:

casi toda contratación empieza por los oficios de la obra. El albañil levanta muros de block, pone piso y hace el repello; el maestro de obra dirige la cuadrilla en un trabajo grande y responde por el resultado. El herrero hace y compone portones y balcones para las ventanas, el electricista cambia flipones y coloca la ducha eléctrica, y el plomero destapa drenajes y busca fugas. Si necesita a alguien todos los días con horario fijo, eso ya es un empleado y la plaza va en empleos. La mezcladora o el andamio que prefiere comprar están en empresas e industria.

Fletes, mudanzas y el movimiento de enero:

un flete es un solo viaje, un sillón o una refri en la palangana del picop; una mudanza trae camión, ayudantes para cargar y a veces embalaje para los muebles. Los dos se cotizan por viaje, y la distancia, las gradas y los ayudantes mueven el monto. Como el ciclo escolar arranca en enero, diciembre y enero son los meses en que las familias se cambian de casa, los fleteros se llenan y las cotizaciones suben, y a mitad de año se consigue fecha sin problema. El mismo calendario mueve las clases particulares: los tutores de matemática e inglés tienen más trabajo antes de los finales de octubre, y después llegan los cursos de vacaciones.

Sillas, mesas y un toldo para el bautizo:

el alquiler de mobiliario es un oficio aparte, que lleva sillas plásticas o Tiffany, mesas, mantelería y toldos hasta la casa para un bautizo, una primera comunión o unos quince años. Pregunte si el flete y el montaje van incluidos, deje acordado cuánto cuesta una silla que regresa quebrada y cuente las piezas con quien las entrega y otra vez al recogerlas.

El jornal del albañil frente al precio por metro:

el pago por día sigue siendo lo más común en la obra. Un albañil cobra entre Q150 y Q250 de jornal, más en la capital y en Antigua que en el interior, y un ayudante entre Q100 y Q150, y el maestro de obra pide más que los dos. El jornal conviene en una reparación que nadie sabe cuánto va a durar, pero premia la semana lenta. Cuando el trabajo ya se puede medir, el precio por metro cuadrado de muro, piso o repello deja el día lento del lado del trabajador, y un precio cerrado por toda la obra solo aguanta si hay planos detrás. Después, quién compra el material. Si lo compra usted, sabe cuánto costó cada saco de cemento; si lo compra el maestro, pregunte cuánto le suma y qué marca va a poner. Un anticipo moderado para material es normal. Pagar toda la obra antes de que empiece, no.

Un repello parejo y una caja de flipones rotulada:

el trabajo terminado dice más de quien lo hizo que cualquier logo. Pida fotos de obras propias y un cliente anterior de cerca cuya pared pueda ir a ver. Pase una regla sobre el repello: tiene que asentar plana, sin hondonadas que la luz de la tarde delate. Un electricista cuidadoso deja los flipones rotulados y ningún empalme con tape sobre el cielo falso, y las soldaduras del herrero son corridas, con anticorrosivo debajo del color. Pida la cotización por mensaje, con material y marca por escrito, y pague por etapas contra lo que se ve construido.

Fotos de sus propios portones y los pueblos a los que llega:

un anuncio de oficio empieza por el trabajo dicho sin vueltas. “Portones y balcones a la medida, con instalación” le dice más a un cliente que “trabajos en general”. Diga si cobra por día, por metro o por obra, y si el material va incluido. Nombre los lugares a los que llega, Coatepeque y Malacatán, o Salamá y Rabinal, porque quien escribe quiere saber si va hasta allá y cuánto suma el viaje. Fotografíe sus trabajos terminados con luz de día, y si alquila mobiliario, muéstrelo armado. A un cliente de Rabinal que ve un portón que usted colgó hace poco, con el nombre del pueblo debajo de la foto, ya casi tiene todo para llamarle.