Mascotas
Encuentra y ofrece mascotas en Guatemala.
Entre la Quema del Diablo y el último cohete de Año Nuevo corren las semanas en que más perros y gatos asustados se escapan de los patios en Guatemala, y en esos días una placa con un teléfono en el collar sirve más que cualquier otro accesorio. Aquí se anuncian collares, transportadoras y camas, nuevos y usados, igual que las jaulas, peceras y conejeras donde viven los animales más pequeños. Los perros y gatos que necesitan otra familia buscan hogar en sus propias páginas de adopción, y el animal que alguien encontró en la calle va en perdidos y encontrados.
Perros y gatos que buscan hogar:
se publican en adopta un perro o adopta un gato, donde casi siempre aparecen chuchos y gatos de la calle recogidos por una familia o un hogar temporal. Se dan, no se les pone precio. Lo demás de perros y gatos son accesorios, y los que conservan su valor son los que no se quedan con el olor: una transportadora de plástico, una jaula metálica, un rascador con el sisal todavía firme.
Una jaula de pájaro no sirve para un hámster:
los barrotes que retienen a un canario no detienen a un hámster enano, y una jaula pensada para un loro deja espacios por donde un perico australiano mete la cabeza y se queda trabado. Al pájaro le sirve más el largo para volar que la altura, así que una jaula larga vale más que una alta. En roedores y conejos, el conejo necesita piso para estirarse y una parte de suelo sólido, porque la reja pelada le lastima las patas. Los reptiles y anfibios viven en vidrio con tapa de malla: la tortuga pide agua y un lugar seco bajo un foco de calor, la rana aire húmedo. Las peceras y filtros están en peces, el alpiste y los cobertores de jaula en pájaros.
La jaula usada se oxida primero en las soldaduras:
por eso hay que revisar donde los barrotes se unen al marco, y la bandeja, que se raja mucho antes que el alambre. Los loros muerden, y la pintura que se descascara o el alambre viejo con polvillo terminan dentro del pájaro. La transportadora de plástico falla en el pestillo de la puerta y en los broches que juntan sus dos mitades; apriételos antes de cerrar trato. Las conejeras de madera se empapan de orines y se pudren desde el piso, así que presione las tablas. En un terrario usado, desconfíe sobre todo del foco: un tubo UVB deja de dar la luz que el reptil necesita meses antes de apagarse, así que cuente con comprar uno nuevo. Lo que se lleve, lávelo y desinféctelo antes de meter a otro animal, y pregunte por qué ya no está el anterior.
Noches de cohetes, de la Quema del Diablo al Año Nuevo:
son cuando se pierden las mascotas y cuando unas cuantas cosas baratas se ganan lo que costaron. Una placa grabada con el teléfono, un collar del que el perro no se pueda zafar, una jaula cerrada en un cuarto de adentro y un pasador en la puerta del patio sirven más que cualquier cosa comprada cuando el animal ya se fue. Si se escapa, publíquelo en animales perdidos y encontrados con una foto clara, la zona y la colonia donde lo vieron por última vez y el día. Guárdese un detalle, una cicatriz o el color de la placa, para probar a quien diga que lo tiene, y no mande dinero antes de ver al animal: la llamada de “lo encontré, deposíteme para el transporte” es una trampa conocida.
Las medidas de la jaula van en la primera línea:
largo, fondo y alto, para que quien la quiera sepa antes de salir si le cabe en el baúl del carro. Fotografíela armada, con la bandeja, las perchas, los comederos o el filtro que incluye. Si el último animal que vivió en ella se enfermó, dígalo. Ponga su zona en la capital, zona 18 o zona 7, o su pueblo, Santa Cruz del Quiché o Poptún, porque una jaula grande o una pecera llena se recoge en persona y no se manda. Si el animal va con sus cosas, anote qué come y deje que el nuevo dueño lo conozca antes: se acomoda más rápido en una jaula que ya conoce. Muchas de estas cosas vienen de casas donde los niños ya dejaron atrás la etapa del hámster, y la jaula, la rueda y la bolsa de viruta a medio usar valen más juntas para la siguiente familia que por separado.