Peces

Encuentra y ofrece peces en Guatemala.

El convicto, uno de los cíclidos más comunes en las peceras de todo el mundo, lleva en su nombre científico el lago de Amatitlán, y el cola de espada y el boca de fuego son nativos de los ríos de Petén e Izabal. Aquí los peces pasan a otro acuarista sin ponerles precio: el oscar que ya no cabe en su pecera, la última camada de alevines de una pareja de convictos, los koi de un estanque de jardín que se va a rellenar. Las peceras, los filtros y las bombas que los mantienen con vida sí se compran y se venden, nuevos y usados.

Oscars, peces diablo y pacús que ya no caben en la pecera:

son los que con más frecuencia buscan un nuevo hogar, porque llegan a la casa del tamaño de una moneda y no dejan de crecer. Un pez diablo pasa de los 30 centímetros, un oscar se acerca a eso y un pacú crece mucho más de lo que aguanta cualquier pecera de sala. El otro caso de siempre es el convicto: una pareja se reproduce con tanta facilidad que su dueño termina con alevines para regalar cada pocas semanas. Todos ellos van en peces de acuario; los koi y los peces dorados de un estanque de jardín, en peces de estanque, y el vidrio, los filtros y los termostatos se compran y se venden en acuarios y accesorios para acuarios.

Pecera comunitaria, pecera de cíclidos o estanque:

lo decide el tamaño adulto y el carácter del pez, no el tamaño que tiene hoy. Los cíclidos centroamericanos, convictos, bocas de fuego y el Jack Dempsey, nativo de los mismos ríos de la vertiente del Atlántico, defienden territorio y acosan o se comen a guppys y tetras, así que viven con los de su tipo o solos. Los peces dorados van con peces dorados: ensucian mucho para su tamaño y prefieren agua más fresca que los tropicales, por eso tantos terminan en un estanque. Los koi necesitan estanque, no pecera; un solo adulto pide más agua de la que cabe en casi cualquier acuario.

El pez diablo en los ríos de Guatemala:

es lo que pasa cuando un pez que creció demasiado se suelta en lugar de entregarse. Plecos liberados de peceras viven ya en ríos guatemaltecos, y también han aparecido pacús. El lago de Atitlán enseña cuánto dura ese daño: la lobina negra que se sembró allí para la pesca deportiva fue una de las causas de que desapareciera el pato poc, un ave que no existía en ningún otro lugar. El pez que ya no puede tener va a otro acuarista, nunca a un río, a un lago ni al drenaje.

Aletas, branquias y apetito de un pez que busca hogar:

dicen más de su salud que cualquier texto. Las aletas deben ir abiertas, no pegadas al cuerpo ni deshilachadas en las puntas; unos puntitos blancos como granos de sal son el punto blanco, que se pasa a todos los peces de su pecera. Un pez que boquea en la superficie con las branquias trabajando a toda prisa, que se queda quieto en una esquina o que tiene la panza hundida está enfermo o vive en agua en mal estado. Pídale al dueño que les dé de comer mientras usted mira: un pez sano come de inmediato. Aun sano, conviene tener al recién llegado un par de semanas en una pecera aparte antes de juntarlo con los suyos.

Una pecera completa que se entrega con sus peces:

es la mudanza más fácil para ellos, siempre que el filtro viaje mojado. La esponja o el material filtrante lleva las bacterias que descomponen los desechos; si se seca en el camino, la pecera arranca de cero, y es entonces cuando se mueren los peces trasladados. Llévelo en una cubeta con agua de la misma pecera. Los peces viajan en bolsas cerradas, un tercio de agua y dos tercios de aire, dentro de una hielera para que vayan a oscuras y sin cambios bruscos de temperatura. En casa, deje flotar las bolsas unos quince minutos antes de soltarlos.

Anunciar peces, el vaciado de un estanque o la pecera donde vivían:

escriba la especie con la mayor precisión posible, pleco común o ancistrus, convicto o Jack Dempsey, y la medida actual de cada pez en centímetros, tomada contra el vidrio. Diga cuántos son, el sexo si lo sabe, con quién comparten pecera y qué comen. Explique por qué se van: «ya no cabe en una pecera de 200 litros» es justo lo que quiere leer quien tiene una más grande. Y pónganse de acuerdo en cómo van a viajar. Quien recoge alevines en Villa Nueva necesita bolsas y una hielera; un estanque de koi que sale de una casa en Chimaltenango pide tinas grandes, una bomba de aire y dos personas.