Moda
Compra y vende ropa, zapatos y accesorios en Guatemala.
En casi cualquier pueblo de Guatemala hay un sastre o una costurera que sube un ruedo o mete una cintura por poco dinero, y eso cambia la forma de juzgar la ropa de segunda mano. El largo y una pretina floja se arreglan fácil. Unos hombros que no quedan, una mancha que ya pasó por la lavadora o una tela gastada, no. Caben tanto las prendas nuevas de boutique como las usadas de clósets que se están vaciando, desde el traje de lana de un señor hasta el vestido de fiesta de una niña. Juzgue cada pieza por lo que el sastre no puede cambiar.
La ropa de mujer, de hombre y de niño falla en lugares distintos:
en la moda femenina casi todo va cortado al cuerpo y la ropa de cadena trae costuras con tan poca tela que no hay de dónde soltar, así que la talla de la etiqueta pesa más que la esperanza de agrandar. En la moda masculina manda la sastrería: un saco queda bien de hombros o no queda nunca, y unos zapatos para hombre de suela cosida duran más que los de suela pegada. La moda infantil es la rama donde una prenda se juzga sobre todo por la talla y las manchas, porque pocas piezas se usan lo suficiente como para gastarse.
La mesa del sastre y los arreglos que no puede hacer:
subir un ruedo, acortar las mangas de una camisa o meter una cintura son trabajos de rutina en cualquier sastrería o con cualquier costurera. Soltar es otra cosa. Hace falta tela doblada dentro de la costura, y casi toda la ropa hecha en serie viene cosida con un margen tan angosto que no devuelve nada. El pantalón de vestir de sastre, dentro de la ropa para hombre, suele ser la excepción: trae tela de más en la costura de atrás justamente para eso. Los hombros de un saco son la línea que nadie cruza. Rehacerlos es un trabajo grande que casi nunca compensa en una prenda usada, así que si la costura del hombro cae más allá del hueso, déjelo ir aunque la tela sea muy buena. La otra trampa son las mangas con ojales que abren de verdad en el puño: solo se pueden acortar desde el hombro.
Lo que un ruedo le suma a una blusa usada:
más o menos las mismas pocas decenas de quetzales que cobra una costurera por subirle el largo a un blazer de lana o a unos Levi’s. En el saco o en los jeans eso es una parte pequeña de lo que se ahorra frente a comprar nuevo. En una blusa barata o una playera sencilla, el mismo trabajo puede acercarse al doble de lo que se paga, y a ese nivel una prenda que necesita arreglo rara vez se justifica. Sume el arreglo mientras todavía está regateando, no después.
Manchas lavadas y hombros desteñidos por el sol:
son las fallas que ninguna costurera compone, y la razón para ver una prenda usada con luz de día y no solo en foto. Un botón que falta, un zíper malo, un ruedo descosido o una costura abierta se arreglan barato y justifican un pequeño descuento. Una mancha que ya pasó por la lavadora, un agujero en un suéter, la tela que quedó brillante de tanta plancha y el color lavado en los hombros se quedan para siempre. Voltee la prenda también: las etiquetas de cuidado y el acabado de las costuras interiores delatan una pieza de marca falsificada mucho antes que el logo.
Las medidas en plano de un anuncio de ropa:
extienda la prenda y dé las pocas que importan, de axila a axila y de largo en una blusa o camisa, cintura y entrepierna en un pantalón, para que alguien en Retalhuleu o en Cobán sepa si le va a quedar antes de viajar a probársela. Diga si ya tiene arreglos y, en pantalones, cuánta tela queda doblada dentro del ruedo, porque alguien más alto la necesita para bajarlo. Fotografíe cualquier mancha con luz de día y menciónela en el texto en vez de esperar que no la vean. Un traje o un vestido de gala comprado para una sola boda, que ya no le queda, es justo lo que aquí la gente lleva con gusto al sastre si los hombros le sientan, así que ponga el ancho de hombros en la primera línea.