Zapatos Para Hombre
Compra y vende zapatos para hombre en Guatemala.
Unas texanas cosidas a mano en Pastores y unos tenis Nike de tienda pueden aparecer a pocos anuncios de distancia, y cada par se revisa de una manera muy distinta. El calzado de hombre se anuncia nuevo y usado, desde la bota que aguanta una finca o una obra hasta el mocasín para la oficina. Donde más sentido tiene comprar usado es en el cuero, porque una suela cosida vuelve al zapatero y el zapato sigue. En los tenis, la etiqueta de la caja y el estado de la espuma deciden si un par usado vale algo.
Texanas y botas de cuero de los talleres de Pastores:
a un paso de Antigua, el pueblo vive del cuero, y su producto más conocido es la bota texana, de tacón de capas y caña pespunteada o bordada. Muchos talleres trabajan sobre pedido, y varios todavía cosen la suela a mano. Por eso una bota usada puede valer la pena: el zapatero le cambia la suela gastada. El detalle es la horma: un par a la medida se hizo para el pie de otro, y cada taller usa la suya. Los diseños se copian de tienda en tienda, así que lo que distingue a un par es el cuero y la costura, no el dibujo de la caña.
Tenis, botas de seguridad y zapatos de vestir importados:
casi todo lo demás es de marca. El grueso son tenis Nike y Adidas, y la ropa para correr que va con ellos está en ropa deportiva para hombre. La bota industrial se elige por la puntera: la de acero es más delgada y más barata, la compuesta pesa menos y no lleva metal, y Cat lo indica en el modelo con ST o CT. El cincho para los zapatos de vestir y los mocasines está en accesorios para hombre.
Tres sistemas de tallas en la misma zapatería:
casi todo lo importado viene en talla estadounidense, algunas tiendas marcan los mismos pares en numeración europea, y las marcas mexicanas como Flexi usan un número basado en centímetros en el que un 27 equivale más o menos a un 9 americano o a un 42 europeo. Lo que sirve para todas es el largo de la plantilla en centímetros, del talón a la punta: sepa el suyo antes de ir a medirse un par.
Tenis y botas de trabajo: lo que cuestan y por qué se devalúan distinto:
unos tenis de marca andan entre Q1,000 y Q1,500 nuevos, y unas botas industriales de cuero Cat, entre unos Q1,200 y Q1,600. Ya usados, cada uno va por su lado. El valor de un tenis está sobre todo en la espuma de la entresuela, que se aplasta con cada kilómetro, así que solo un par sin estrenar y con caja se queda cerca del precio de tienda. Una bota de cuero con el corte sano guarda mucho más, porque lo que se gasta lo cambia el zapatero. La imitación tiene historia larga en los mercados del país, así que un par de marca ofrecido como nuevo a mucho menos de eso merece revisarse con calma.
Entresuela, puntera y etiqueta de la lengüeta en un par usado:
primero voltee el zapato. Un tacón gastado de un lado indica que la pisada del dueño anterior quedó marcada, y las arrugas profundas en la entresuela, que la amortiguación se acabó. En el cuero, doble la punta y busque grietas en el pliegue; si un borde cortado deja ver tela tejida detrás, es sintético. Una abolladura sobre los dedos de una bota de seguridad indica que la puntera ya recibió un golpe y no se puede confiar en ella. Una suela pegada que empezó a despegarse casi siempre acaba con el zapato. En tenis de marca, el código de estilo de la caja debe coincidir con la etiqueta dentro de la lengüeta y mostrar los mismos colores en el sitio oficial de la marca. Costuras flojas en el logo o una caja sin etiqueta son motivo para no comprar.
El largo de plantilla junto a la talla cuando anuncie su par:
dé la medida en centímetros y aclare en qué sistema está la talla de la etiqueta. Fotografíe las dos suelas, los tacones, el forro y la etiqueta de la lengüeta. Diga cuánto se usaron, si ya se les cambió la suela y, en texanas, qué taller las hizo y si fueron a la medida. Muchos pares que conviene anunciar son los que nunca quedaron bien: texanas que salieron un poco justas, botas de seguridad de un trabajo que duró un mes, tenis pedidos por internet con media talla de diferencia. Diga cuál es el suyo, y quien viva en Chimaltenango o Mixco sabrá antes de salir si el viaje vale la pena.