Barcos

Compra y vende barcos en Guatemala.

En el agua guatemalteca el trabajo lo hace sobre todo una lancha de fibra con motor fuera de borda japonés, desde los pescadores de Iztapa hasta las lanchas públicas que cruzan Atitlán. Los veleros fondeados en Fronteras, en el Río Dulce, son otro mundo: yates de crucero que entraron por la barra de Livingston y que muchas veces cambian de dueño cuando termina el viaje. Nuevo o usado, se anuncia desde la lancha completa con su tráiler hasta un motor suelto o una hélice. Primero ten claro en qué agua la vas a usar: el Pacífico abierto, un lago que se pone bravo después del almuerzo y un río tranquilo piden cascos distintos.

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Pacífico, lago de altura o Río Dulce, el agua que escoge la lancha:

en Guatemala se navega en tres tipos de agua, y cada una pide un casco distinto. Frente a Puerto San José e Iztapa es mar abierto, con sal, oleaje y zonas de pez vela lejos de la costa: ahí conviene una lancha de consola central con casco en V profunda, combustible de sobra y, si se puede, dos motores. Atitlán y los demás lagos de altura amanecen quietos, pero el Xocomil sopla después del mediodía y puede llenar de agua una lancha de borda baja, así que allí la altura de la borda pesa más que la velocidad. Izabal, El Golfete y el Río Dulce son agua dulce y tranquila, donde los veleros pasan meses fondeados y una lancha pequeña es el carro de la familia. La embarcación completa va en barcos en venta, y el tipo cambia lo que hay que revisar: una lancha a motor vale por su casco y su motor, un velero por su jarcia y sus velas, una moto acuática por las horas del motor. Si vas a ponerle motor nuevo a un casco viejo, empieza por los motores fuera de borda; en el resto de repuestos y mantenimiento está lo que la sal se come primero.

Veleros del Río Dulce con precio en dólares:

los yates de crucero que se ponen en venta alrededor de Fronteras se ofrecen en dólares, y un monocasco de fibra de los años setenta u ochenta, de 32 a 40 pies y en buen estado, suele pedir entre US$20,000 y US$40,000. Es una fracción pequeña de lo que cuesta nuevo uno del mismo largo, y la razón es que un casco de cuarenta años casi nunca es el problema. Lo son el motor, la jarcia firme y las velas, y un barco que necesita las tres cosas es un proyecto de restauración. Fíjate también en el calado: con una quilla de más de metro y medio hay que esperar la marea alta para cruzar la barra de Livingston, y bastante por encima de dos metros puede que no salga nunca. En un yate de ese nivel, paga a un inspector antes de pagarle al dueño.

Espejo de popa, motor y tráiler de una lancha usada:

empieza por atrás. El espejo de popa carga el motor, y en las lanchas de fibra con alma de madera se pudre por el agua que entra alrededor de los pernos. Sube el motor y empújalo: el espejo no debe ceder, y las grietas o la humedad alrededor de los pernos anuncian una reparación cara. Camina la cubierta buscando partes blandas. Después pide oír el motor arrancar en frío, mejor en el agua que en un tonel. Un chorrito constante por el testigo indica que la bomba de agua está enfriando; si el aceite de la pata sale lechoso, entró agua por algún retén. Pregunta dónde se usó la lancha. Un motor que anduvo en el Pacífico debió lavarse con agua dulce después de cada salida, y un tráiler que se metió al mar lo enseña en el eje, los muelles y las mazas. En una moto acuática, mira el horómetro y pregunta si alguna vez se alquiló en la playa.

Horas de motor, agua de origen y papeles en el anuncio de una lancha:

di dónde ha pasado su vida, lago, río o mar, porque el comprador paga más por una lancha de agua dulce. Indica marca, caballos, si es de dos o cuatro tiempos y las horas si tiene horómetro, y si el tráiler va incluido. Toma fotos del casco fuera del agua, del espejo de cerca y de la placa con el número de serie del motor, y aclara qué documentos acompañan a la lancha y al motor. Luego prepárate para la prueba. Quien manejó casi un día desde la capital hasta Fronteras quiere ver la lancha arrancar en frío y planear, no oírla en ralentí junto al muelle, y en Atitlán la prueba se hace de mañana, antes de que se levante el Xocomil.