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Casi todo lo que se regala en Guatemala sale de una casa el día de la mudanza: el ropero que no cabe en el apartamento nuevo, la refri que cambiaron por una más grande, la cuna que ya no usa el segundo patojo. También quedan los sobrantes de una obra: ripio para relleno, block de más, unas láminas que a alguien en Villa Canales le sirven para techar una galera. Hay cosas sin estrenar y muchas usadas, y ninguna cuesta más que el viaje. Ese es el gasto que hay que prever: quien se la lleva la carga, así que revisa las medidas y consigue el picop antes de llamar.
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Muebles de mudanza, cosas de bebé y sobrantes de obra:
es lo que más se regala, y cada cosa pide revisar algo distinto. Con un mueble, la duda es si cabe. Un ropero o un sillón de tres plazas tiene que bajar las gradas de quien lo regala y subir las tuyas, así que pide alto, ancho y fondo y mide antes tu puerta. Lo que revisarías antes de pagar en muebles o en electrodomésticos merece el mismo cuidado cuando es gratis. Con las cosas de bebé, la duda es la edad. Una cuna, una silla para comer o una bolsa de ropa separada por talla se aceptan sin pensarlo mucho; una silla para carro sin etiqueta de fecha y sin historia es lo único gratis que conviene rechazar, y la sección de bebé explica por qué. Con los sobrantes de obra, la duda es cantidad y acceso. El ripio solo sirve si tienes un terreno que rellenar y un camión para llevarlo, y de un lote de block o de piso pregunta cuántas piezas son y si salieron del mismo lote de color, para que combinen. Los animales no van aquí. Una camada de gatitos o un perro que necesita hogar va en adopta un gato o adopta un perro, donde quien responde busca compañía y no una ganga.
Una refri regalada, un televisor viejo y lo que todavía cuestan:
aquí nada tiene precio, pero casi todo tiene un costo. Una refri o una lavadora piden picop y dos personas para cargarlas, y un televisor de tubo pesa más de lo que uno cree y cuesta deshacerse de él por segunda vez. Antes de aceptar algo grande, piensa a dónde va si no te sirve. La mayor parte de la basura de la capital y de catorce municipios vecinos termina en el vertedero de la zona 3, y un sillón que te llevaste y no usas va para allá también, por tu cuenta.
Colchones, aparatos y regalos con trampa:
pide ver el aparato funcionando antes de subirlo al picop. Una refri tiene que estar fría por dentro después de unas horas conectada, así que pídele a quien la regala que la enchufe la mañana en que vas. Una lavadora tiene que llenar, girar y desaguar. En un colchón, levanta las orillas del forro y revisa las costuras buscando puntitos oscuros o cascaritas, señales de chinches, y huélelo por si guarda humedad. Un mueble de aglomerado que se mojó se hincha en las orillas y ya no agarra tornillo; uno de madera sólida con unos rayones sí vale el viaje. Desconfía del regalo que pide dinero primero. Nadie que regala algo necesita un depósito, una transferencia “para el envío” ni tus datos bancarios, y un anuncio que pide cualquiera de esas cosas no es un regalo. Ve a recogerlo de día, y acompañado si es pesado.
Regalar un ropero, una cuna o un montón de block:
tómale fotos donde está, con luz de día, y pon las medidas en la primera línea. Di claro qué falla: una refri que enfría pero gotea, un sillón con un cojín hundido, una gaveta que se traba. Quien viene desde Tecpán o Santa Catarina Pinula por algo gratis acepta el defecto que ya conocía y se molesta con el que descubre en la puerta. Indica en qué nivel está, si hay gradas y si tiene que traer ayuda y vehículo. Da un horario para recoger en vez de “cuando quieras”, decide si se lo das al primero que confirme o a quien más lo necesite, y dilo en el anuncio. La dirección completa, solo cuando ya quedó la hora. Y en cuanto se lo lleven, quita el anuncio, para que nadie salga de Villa Nueva rumbo a un garaje vacío.