Juguetes & Juegos
Compra y vende juguetes y juegos en Guatemala.
En Guatemala el año juguetero lo marcan dos fechas de regalo: el Día del Niño, el 1 de octubre, y la Nochebuena, menos de tres meses después. Entre una y otra conviven juguetes nuevos de tienda y usados que una familia le pasa a otra, desde sets de LEGO y cartas Pokémon hasta los trompos y capiruchos de madera que todavía se hacen a mano en Totonicapán. Lo que vale un juguete de segunda se reduce a cuatro preguntas sencillas: si está completo, si está limpio, si funciona y si es original. Hazlas todas antes de cerrar el trato.
Cuatro pruebas para un juguete usado, una por cada rincón del baúl:
que esté completo, que esté limpio, que funcione y que sea original, y cada rama se apoya en una distinta. En los rompecabezas y los juegos de mesa estar completo lo es todo, porque una sola pieza o carta perdida deja la caja sin juego. La limpieza va primero en los juguetes para bebés y niños pequeños y en los peluches, que pasaron años en manos y bocas de niños. Que funcione es lo que decide en vehículos y RC. Lo original es la pregunta en los juegos de cartas coleccionables y entre las muñecas de moda, donde la copia imita bien la caja y mal el producto. Las bicicletas y scooters de juego al aire libre se revisan como cualquier máquina: frenos, balineras y óxido.
Los juguetes de madera de Totonicapán:
se siguen haciendo a mano en el gran centro juguetero del país en madera y loza. El trompo es un cono de madera dura que baila sobre un clavo, enrollado con un cáñamo encerado; el capirucho, una copa con palito y bolita amarrada, es tan de los talleres de Antigua como de Totonicapán. De los mismos talleres salen los pitos de barro vidriado en forma de pajarito y las alcancías de tecolote. Todo se pinta con anilinas, que los mantienen baratos y hacen que el color se vaya con el juego, como debe ser. Un trompo para bailar necesita la púa bien al centro y derecha, en una madera sin rajaduras a lo largo de la veta. Un pito vidriado es para un niño más grande o para la repisa, porque no sobrevive a un piso de granito.
Por qué un set de LEGO en su caja vale más que una cubeta de piezas sueltas:
en Guatemala el LEGO va desde unos Q130 por una caja pequeña hasta bastante más de Q1,000 por los sets grandes con licencia, y uno usado conserva buena parte de ese precio solo si se puede volver a armar tal como se vendió. Una cubeta de bloques revueltos vale mucho menos y se cotiza por peso y no por set, porque separarla en modelos le toca al que compra. Las piezas blancas y grises que pasaron junto a una ventana se ponen amarillas y ninguna limpieza las regresa, así que míralas con luz de día.
Dentro de la tapadera de las pilas de un juguete usado:
es donde fallan casi todos los juguetes electrónicos. Las pilas olvidadas por meses se riegan, y la costra blanca o verde que dejan en los contactos puede arruinar el juguete para siempre: destornilla la tapadera primero. Pide ver el carro RC andar con su propio control y su cargador. En un peluche, lee la etiqueta: si trae caja de voz o luces solo se limpia por encima, y el olor a guardado se queda. Compara una carta valiosa de Pokémon o Yu-Gi-Oh! con una que sepas que es original: las falsas suelen ser más brillantes y delgadas, con letras borrosas y un reverso de un color que no cuadra. Una Barbie original lleva la marca Mattel grabada atrás de la cabeza o en la espalda baja. Y de un rompecabezas, pregunta cuándo se armó por última vez y si estaban todas las piezas.
Juguetes anunciados en las semanas antes del Día del Niño:
encuentran más compradores, y en noviembre, de cara a la Nochebuena, pasa lo mismo. Di para qué edad es y cuántos años tenía tu hijo cuando lo guardó. Cuenta las piezas de un rompecabezas o de un juego de mesa y pon el número en el anuncio, para que alguien en Santa Cruz del Quiché sepa si el viaje vale la pena; a un LEGO ponle su número de set y di qué minifiguras trae. Prueba con pilas nuevas todo lo electrónico antes de tomarle fotos, y dilo en el anuncio. Las familias con más para pasar son aquellas cuyo hijo menor acaba de cumplir diez años, y una caja ordenada por edades, con el conteo de piezas escrito en cada tapa, sale más rápido a finales de septiembre que la misma caja en febrero.