Peluches

Compra y vende peluches en Guatemala.

Para el Día del Cariño, los osos de peluche pasan de mano en mano entre parejas, amigos y compañeros de trabajo por todo el país, y los más grandes acaban adueñándose de una esquina del cuarto. Los peluches van desde esos osos de regalo hasta los Squishmallows redondos, los personajes raros de Jellycat, los de Stitch o Hello Kitty y los primeros muñequitos suaves que duermen en la cuna. Unos llegan nuevos, con la etiqueta de cartón puesta; otros son usados, de una repisa que un niño ya dejó atrás. En cualquiera de ellos, la etiqueta cosida en la costura dice más que la foto.

Los Squishmallows al lado del oso de peluche de siempre:

la diferencia está en la forma y en el relleno. El oso de peluche conserva la silueta del animal, con pelo largo y relleno firme, y los realistas o articulados van en animales de peluche. El Squishmallow es redondo, blandito como almohada y se vende por altura, hecho para abrazarlo y apilarlo más que para lucirlo. Jellycat apuesta por telas raras y personajes curiosos, de berenjenas a conejos tímidos, que coleccionan los adultos tanto como los niños. La tercera línea es la de personajes: Stitch, Hello Kitty y Kuromi de Sanrio, Pikachu, los BT21 y los Osos Escandalosos, que se compran tanto por la licencia como por el juguete. Las sonajas suaves y las mantitas de apego para bebé van en juguetes para niños pequeños, y las muñecas de trapo, en muñecas.

Un peluche para la cuna o para la repisa del coleccionista:

lo decide la etiqueta cosida más que el precio. Los peluches de marca y de personaje suelen traer una advertencia de edad, porque las cuentas, los botones y los ojos de plástico duro pueden soltarse; para un bebé, busca uno con ojos y nariz bordados y nada que se pueda arrancar. El coleccionista lee esa misma etiqueta por otra razón: el nombre del fabricante y la etiqueta de cartón son lo que prueba que un Squishmallow o un Jellycat es original. El tamaño también cambia el uso: un Squishmallow pequeño va colgado de la mochila con su gancho y uno grande ya hace de almohada.

El oso grande del Día del Cariño:

es el peluche que termina en casi todas las casas guatemaltecas, entregado junto con rosas y globos a la pareja, a una amiga o a alguien de la oficina. Nuevo, un peluche va de unos Q25 por uno pequeño de personaje hasta cerca de Q700 por los osos más grandes. Usado, el precio depende de que sea original y de que conserve sus etiquetas. Un Squishmallow con etiqueta de un personaje buscado guarda buena parte de lo que costó. Un oso gigante sin etiqueta se va por una fracción de lo que se pagó, porque cuesta lavarlo, ocupa todo el asiento de atrás y cada año, pasado el Día del Cariño, salen muchos más como él.

Relleno aplastado y costuras abiertas en un peluche usado:

se notan apenas lo aprietas. El relleno aplastado o hecho bolitas, casi siempre por una lavadora que la etiqueta no permitía, ya no se recupera. Jala con cuidado el cuello, los brazos y las orejas, que es donde se abren primero las costuras, y revisa que los ojos no estén rayados ni dejen ver pegamento en la orilla. El pelo apelmazado cerca de la cara delata un peluche con el que alguien dormía: sirve para jugar, pero al coleccionista le resta. Huélelo también, porque el peluche se queda con el humo, la humedad y el perfume. En uno de marca, busca la etiqueta cosida: un Squishmallow original nombra a Kellytoy o Jazwares como fabricante, un Jellycat trae su etiqueta tejida y otra de cartón con el nombre del personaje, y un Ty lleva su corazón rojo. Las copias se delatan por la impresión borrosa, las faltas de ortografía, una tela más áspera y un cuerpo inflado de más. Los Squishmallows usados suelen perder la etiqueta de cartón, así que la que hay que pedir ver es la cosida.

Un anuncio de peluche con las dos etiquetas en foto:

responde las dudas antes de que lleguen. Muéstralo entero, de frente y de espalda, y luego de cerca la etiqueta cosida y la de cartón si todavía la tiene; indica la altura, en pulgadas si es Squishmallow, porque así lo buscan. Di si lo lavaste y cómo, y si viene de una casa con mascotas o fumadores. El peluche de personaje se vende por el nombre: pon Stitch, Pikachu o Kuromi en el título, no solo «peluche». Al oso gigante agrégale una línea más, si cabe en un carro, porque quien venga desde Jalapa a recogerlo querrá saber si le toca desocupar el asiento de atrás.