Animales De Peluche
Compra y vende animales de peluche en Guatemala.
En Santiago Zamora, una aldea cerca de Antigua, las niñas cosen animalitos con la tela que las mujeres mayores tejen en telar de cintura. Ese es un extremo de los animales de peluche en Guatemala. En el otro están el oso clásico, el jaguar o el perezoso realista que un niño fanático de los animales bautiza y guarda por años, y el perrito o el gatito interactivo que ronronea y se mueve con baterías. Algunos llegan nuevos, en su empaque; otros son usados, de un niño que ya creció. Cada tipo se gasta a su manera, y eso es lo que hay que revisar antes de ir a verlo.
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Osos, peluches realistas y juguetes que ronronean:
se separan por diferencias que pesan mucho una vez fuera de la caja. El oso o el animalito de todos los días tiene pelo sintético corto y relleno de fibra de poliéster, hecho para andar arrastrado por toda la casa. El oso de colección es otra cosa: pelo de mohair, brazos y piernas articulados que giran sobre discos, muchas veces un Steiff, y se compra para la repisa. Los peluches realistas de Wild Republic y marcas parecidas copian una especie de verdad, tanto que un jaguar parece jaguar. Las mascotas interactivas como FurReal Friends se mueven, ronronean o ladran: son mitad juguete y mitad aparato. Los Squishmallows, los Jellycat y los peluches de personajes como Stitch están con el resto de los peluches, y los primeros juguetitos suaves pensados para bebé, en juguetes para niños pequeños.
Animales de peluche tejidos y a crochet hechos en Guatemala:
le llegan a otro comprador. En Santiago Zamora, Sacatepéquez, las niñas cosen animalitos con la tela que las mayores tejen en telar de cintura, y el mismo jaspe que en Salcajá se teje para cortes aparece como el pelaje rayado de un burrito o un conejo. Los amigurumis a crochet salen de manos de tejedoras caseras, muchas veces por encargo. Unos y otros se compran sobre todo para regalar, y ninguno está hecho como un juguete de fábrica: rara vez traen etiqueta de edad, los ojos y la nariz van cosidos o pegados a mano y el algodón tejido a mano puede desteñir si se moja. Para un niño chiquito, escoge uno con la carita bordada y nada que se pueda arrancar; para regalar, fíjate en que el tejido y las puntadas vayan parejos.
Escoger un animal de peluche según quién lo va a abrazar:
empieza por cómo lo van a tratar. El que se duerme con el niño todas las noches necesita relleno de fibra, una cara que aguante la lavadora y nada que se despegue. Algunos llevan en la base una bolsita de bolitas de plástico para sentarse solos; si se abre una costura se riegan, así que mejor déjalos para niños más grandes. Al niño que se sabe todos los animales del libro le importa más que la especie sea fiel que lo suave. En una mascota interactiva, revisa qué tan fuerte suena y si se le puede apagar el sonido. Y un oso de mohair de colección no es juguete para niño.
Un oso gastado, un conejito a crochet o un perrito que habla, de cerca:
cada uno falla en su propio lugar. En un juguete interactivo, abre primero el compartimiento de las baterías: una costra blanca o verde en los contactos quiere decir que dejaron las pilas adentro hasta que se sulfataron, y si no despierta con pilas nuevas, difícilmente vuelve. En un oso articulado de colección, las extremidades deben girar con algo de resistencia; los brazos que cuelgan flojos indican uniones gastadas, y las calvas en el mohair no se vuelven a llenar. Un peluche con bolitas que se siente arenoso, o más liviano de un lado, ha estado perdiendo relleno. En el crochet, busca puntos estirados por donde asoma el relleno blanco y motitas en el hilo. En un animalito tejido, las rayas desteñidas o corridas dicen que lo lavaron duro.
Pasar la caja de animales de peluche del cuarto de un niño:
funciona mejor cuando el comprador ve qué trae. Ponlos juntos para una foto, agrega acercamientos de los mejores y di cuáles fueron los consentidos, lavados y dormidos, y cuáles solo estuvieron en la repisa. Si alguno habla, se mueve o tiene música, pruébalo con baterías nuevas y graba un video corto, porque eso decide si el comprador hace el viaje. En uno hecho a mano, di la técnica y, si lo sabes, el pueblo: tejido en Sacatepéquez o hecho a crochet por una tía le dice algo a quien compra. Un oso de colección merece su propio anuncio, con fotos de las uniones y el pelo. Quien venga desde Cobán o Escuintla por un lote querrá saber si cabe en una bolsa o si necesita carro.