Juegos De Mesa

Compra y vende juegos de mesa en Guatemala.

Muchos chapines regatearon por Quetzaltenango y Huehuetenango mucho antes de ver un Monopoly, porque el Bancopoly, que Metta fabrica en el país desde hace décadas, convierte los departamentos en propiedades y paga en billetes de quetzal. Los juegos de mesa van de ese clásico de familia, el ajedrez y el dominó a juegos de estrategia como Catan o Carcassonne y juegos de grupo como Dixit. Algunos llegan sellados todavía, un regalo que nadie abrió. Otros son usados, con años de noches de juego encima, y en esos lo que más cuenta es que no les falte ninguna pieza.

El Bancopoly, el Monopoly a la chapina:

se juega con los mismos dados, rentas y quiebras, pero en lugar de las calles de Atlantic City están los departamentos del país y las empresas del Estado. Metta lo saca en edición clásica, compacta y de aniversario, y la compacta cabe en cualquier repisa. Comparte el mueble con el Monopoly de siempre, Clue, Scrabble y Jenga, y con los juegos que nunca necesitaron marca: el ajedrez de madera, las damas y la caja de dominó.

Catan y los juegos de estrategia que vinieron después:

piden más de la mesa y dan más a cambio. En Catan se intercambian madera, ladrillo y trigo para construir caminos y poblados; en Carcassonne el mapa crece loseta por loseta. Los juegos de grupo como Dixit, Código Secreto o Telestrations se explican en minutos y rinden más con mucha gente, y los cooperativos como Pandemic ponen a todos contra el tablero y no entre sí. En el costado de cada caja vienen los tres datos que deciden la compra: cuántos jugadores, cuánto dura la partida y la edad mínima, que dice bastante de qué tan pesadas son las reglas. Carcassonne y Dixit casi no llevan texto en sus piezas, así que una copia en inglés se juega igual una vez que alguien lee las reglas en voz alta, pero Código Secreto es un juego de palabras y solo sirve en el idioma en que vienen impresas sus cartas. Una expansión no se puede jugar sin su juego base. Las cartas de Pokémon y Magic tienen su propio espacio en juegos de cartas coleccionables, y los rompecabezas y cubos de velocidad están en rompecabezas.

La distancia entre un Bancopoly y una caja de Catan:

es grande y define cuánto vale un juego usado. El Bancopoly y el Monopoly andan entre Q100 y Q200 nuevos, así que un clásico de familia de segunda mano sale barato esté como esté y se vende sobre todo por venir completo. Los juegos de estrategia y de grupo en español cuestan entre Q300 y Q600 nuevos, y cada expansión suma. Uno usado y completo que todavía se consigue en tienda tiene que quedar claramente por debajo del precio nuevo, porque el comprador siempre puede ir a traer uno sellado. Una expansión o edición que ya no se imprime puede sostener casi lo que costó, porque no hay caja nueva con qué compararla.

Un Catan usado, contado pieza por pieza:

es la única forma de saber qué estás pagando, y la lista de componentes al final del reglamento es la guía. Un camino o una carta de recurso que falta se esconde bien en una caja llena y solo aparece a media partida. Las losetas todavía en sus planchas de cartón indican un juego casi sin estrenar. Cartas con las orillas blanqueadas o dobladas delatan mucho uso; las que se guardaron en fundas plásticas suelen verse intactas. En un Bancopoly viejo, los billetes y los títulos de propiedad son lo que primero se rompe y se pierde, y las esquinas de la caja se abren tras años debajo de otros juegos. Los títulos más buscados, como Catan, Dixit y Pandemic, también se piratean a partir de escaneos del original: texto borroso, colores que no cuadran con las fotos del juego auténtico, cartón delgado y piezas de plástico con rebabas filosas del molde delatan la copia.

Un Bancopoly anunciado con todos sus billetes en la foto:

le enseña al comprador lo único que no puede comprobar por la pantalla: que no falta nada. Extiende el contenido junto al reglamento abierto y tómale foto; luego indica qué edición es, en qué idioma viene, qué expansiones incluye y si las cartas van enfundadas. Avisa si alguna pieza es de otro juego, porque un peón ajeno se nota en el primer turno. Quien venga desde San Marcos o Jutiapa por una caja pesada de expansiones de Catan va a querer contar todo contigo antes de pagar, así que guarda cada color de jugador en su propia bolsita y el conteo dura minutos y no una partida entera.