Juego Al Aire Libre

Compra y vende juegos al aire libre en Guatemala.

Una cama elástica de jardín es el juguete más grande que entra en la mayoría de patios, y cuando los niños crecen, también el más difícil de sacar de la casa. A su lado están las junglas de madera que hacen carpinterías guatemaltecas, los saltarines inflables que casi siempre se alquilan para la fiesta en vez de comprarse y los barriletes de papel de china que llenan el cielo del altiplano a inicios de noviembre. Hay piezas nuevas en su caja y otras usadas, de familias que están desocupando el jardín. Si es una cama elástica usada, pide verla armada antes de que la desarmen.

Una cama elástica en el patio o un saltarín para la tarde:

por ahí se dividen las piezas grandes del juego al aire libre. La cama elástica, o trampolín, es un aro de acero con resortes, lona y red, se mide en pies de diámetro y se queda armada años. El saltarín es un castillo inflable que sostiene un soplador eléctrico: se arma para la fiesta y se guarda esa misma noche. Los juegos para trepar quedan en medio. Los resbaladeros de plástico moldeado son para los más pequeños y se mueven por el jardín; la jungla de madera, una torre con columpios y resbaladero, sale de carpinterías del país y se queda anclada donde se armó. Las de dos ruedas tienen sus propias páginas: bicicletas para niños y scooters para niños.

Cuánto patio ocupa de verdad una cama elástica de jardín:

más que el aro mismo. Pide espacio libre alrededor de la red, nada encima, ni tendedero ni rama, y suelo parejo, porque un aro en desnivel se mece con cada salto. Los trampolines pequeños, con barra y sin red, son de ejercicio para un adulto. Los resbaladeros de plástico traen en la caja la edad y el peso máximo; la jungla aguanta niños más grandes, pero hay que anclarla y darles sellador a los postes de vez en cuando.

Alquilar el saltarín y quedarse con la cama elástica:

es la cuenta a la que empujan los precios. Una cama elástica de 10 pies con red cuesta unos Q1,500 nueva y se usa todas las tardes. Un saltarín para una fiesta infantil en la capital se alquila por Q400 a Q550 las tres horas, con transporte e instalación, y quien hace la fiesta pone el tomacorriente de 110 voltios; tener uno propio solo compensa con muchas piñatas al año. En el otro extremo, una jungla hecha a la medida arranca en unos Q16,000, y por eso una usada y sana es el verdadero ahorro del juego al aire libre, si el comprador puede desarmarla y llevársela.

Dónde se gasta primero una cama elástica, una jungla o un saltarín usado:

en la cama elástica, en la lona, la red y los resortes. Cuéntalos contra el manual, busca óxido en los ganchos y resortes que se quedaron estirados, y revisa la lona por partes delgadas o desteñidas y la red por roturas junto a los tubos. Las lonas y redes de repuesto se venden por diámetro y número de resortes: pregunta las dos cosas y, si se ven cansadas, descuenta unas nuevas de tu oferta. En un resbaladero de plástico, el color desteñido es solo estético; un polvo blanco y grietas finas junto a los tornillos dicen que el sol ya lo volvió quebradizo. En una jungla, hunde un desarmador al pie de cada poste para encontrar madera floja. El saltarín hay que verlo inflado con su propio soplador: los de casa son de nylon delgado y los de alquiler, de PVC grueso que dura mucho más. Revisa las costuras, cuenta los parches y huélelo, porque un inflable enrollado húmedo después de un aguacero agarra moho.

Temporada de barriletes y el trompo de cualquier mes:

los barriletes se vuelan con los vientos de finales de octubre y el Día de Todos los Santos, a inicios de noviembre, cuando suben los gigantes de Sumpango y Santiago Sacatepéquez y en el altiplano los niños elevan los suyos, pequeños, de papel de china sobre carrizo. Revisa el papel donde se pega a las varillas y que traiga su cola y su pita. El trompo de madera, en cambio, no tiene temporada.

Desarmar la cama elástica para la próxima familia:

tómale fotos armada y con red, y después en piezas, con tornillos y resortes en una bolsa. Indica diámetro, marca, número de resortes y cuánto tiempo estuvo a la intemperie, y di claramente qué está roto, oxidado o cambiado. En un saltarín, agrega la tela, el soplador y si trabajó en fiestas. Quien hace barriletes debe publicarlos a mediados de octubre, porque al entrar noviembre ya nadie los busca. Y anota cuánto miden las piezas más largas del aro, para que quien llegue a recoger sepa si le toca venir en pickup.