Gatos

Encuentra y ofrece gatos en Guatemala.

Un gato que pasó la vida caminando sobre las láminas de una casa en Cobán nunca necesitó arenero, y ese mismo gato, trasladado a un apartamento en lo alto de una torre, lo necesita desde la primera noche, junto con una red en el balcón. Esos accesorios se compran y se venden aquí nuevos y usados, desde la pala hasta el árbol rascador, y los gatos cuya familia ya no puede tenerlos se entregan a un nuevo hogar sin ponerles precio. Busque como se dice aquí: un mish o mishito es un gato, y el gato criollo es el mestizo de patios y techos de toda la vida.

Gatitos criollos, adultos que buscan hogar y sus cosas:

casi todos los gatos que cambian de casa en Guatemala son criollos de la camada de un vecino, de pelo corto y resistentes, y a veces un persa o un siamés cuyo dueño se muda a un lugar donde no puede llevarlo. Esos gatos van a adopta un gato, donde se entregan a un nuevo hogar en lugar de venderse. Un gatito debe quedarse con la mamá hasta estar destetado, comiendo sólido y usando arenero, aunque el anuncio prometa entregarlo antes. Para un apartamento suele encajar mejor un adulto, porque el dueño ya sabe si araña los muebles, maúlla de noche o falla con el arenero. Lo que el gato usa, del arenero al peine de metal que el pelo de un persa pide a diario, se compra y se vende en artículos para gatos.

Casa con patio o torre de apartamentos:

de eso depende casi todo el equipo. La capital sigue creciendo hacia arriba, y muchas de las torres nuevas aceptan mascotas, así que gatos que crecieron entre patios y láminas ahora viven varios pisos arriba. Un gato acostumbrado a los techos va a caminar sobre la baranda del balcón; por eso la red del balcón y el cedazo de las ventanas se ponen antes de que llegue, no después. Adentro necesita altura propia: un árbol rascador junto a una ventana le hace más bien a un gato aburrido de apartamento que cualquier juguete. Ponga el arenero lejos de la comida y el agua, que para el gato son territorios distintos. El tamaño del arenero va con el gato. Un gatito necesita bordes bajos que pueda pasar, un adulto una caja más larga que su cuerpo y un persa una todavía más grande para no ensuciarse el pelo. El arenero con tapa encierra el olor y la arena regada en un apartamento pequeño, pero hay gatos que no aceptan la tapa, así que pregunte a qué está acostumbrado. La arena aglomerante de arcilla es la más fácil de limpiar; los pellets de madera o vegetales pesan menos cuando toca subirlos por las gradas.

Areneros y árboles rascadores usados:

esconden un desgaste que la foto no enseña. El plástico rayado por años de pala guarda orines en las rayas, y un gato que huele a otro gato en el arenero puede negarse a usarlo. Si un arenero abierto sencillo cuesta menos de Q100 nuevo y uno con tapa y filtro anda entre Q250 y Q300, lo que se ahorra con uno usado es poco frente al riesgo de que el gato ni se acerque; conviene recibirlo junto con el gato o casi regalado. Donde de verdad se ahorra es en las piezas grandes. Agarre la plataforma de arriba del árbol rascador y muévala: el que se tambalea el gato no lo usa, o se viene abajo cuando salta. Los postes forrados de alfombra absorben la orina de marcaje, así que huélalos de cerca. Camas y hamacas van a la lavadora antes de pasar a otro gato, porque el pelo y las pulgas viajan en la tela.

Un gato que se entrega con su arenero y su cobija:

se adapta más rápido, porque los gatos reconocen una casa nueva por el olor. Mándelo con el arenero que ya usa, una cobija de la casa anterior y su rascador, y diga qué arena conoce; cambiársela de golpe es una razón frecuente para que un gato deje de usar el arenero. En el anuncio ponga la edad, el sexo, si está castrado y vacunado y tiene su carné, si ha vivido adentro o afuera y cómo se lleva con perros y niños. Pregúntele a la nueva familia dónde va a dormir y si sus ventanas tienen cedazo. Visitarlos, sea en Mazatenango o en Antigua, le dice más que cualquier chat. Si vende accesorios, lávelos antes de fotografiarlos, indique la altura del árbol rascador y diga cuántos gatos lo usaron y si alguno marcaba. Las redes de balcón aparecen casi nuevas cuando una familia deja el apartamento para el que se cortaron, así que quien compra debe medir su propio balcón primero: una red que queda corta no se puede estirar.