El Quetzal

Propiedades en El Quetzal, Guatemala.

El pueblo tuvo tres nombres antes de quedarse con el actual: Rancho El Naranjo, cuando era parada de los viajeros que bajaban del altiplano a la costa por la orilla del río Naranjo; San Diego El Naranjo, en honor a un hijo del presidente Manuel Estrada Cabrera; y El Quetzal, desde la caída de ese gobierno. Lo que no cambió fue el café, que a principios del siglo XX trajo a familias de San Marcos y de otros departamentos. Hoy es un municipio del sur de San Marcos, Guatemala, con dos terceras partes de su territorio sembradas y la vida cotidiana orientada hacia Coatepeque. Aquí se compran casas familiares en el casco urbano y en las aldeas, tierra por cuerdas y parcelas a orilla de carretera del lado de Coatepeque. Quien busca terrenos en El Quetzal encuentra tierra productiva a pocos minutos de una ciudad comercial grande.

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Sobre El Quetzal:

El Quetzal ocupa unos 88 kilómetros cuadrados en la bocacosta de San Marcos, la franja donde la montaña empieza a caer hacia la planicie del Pacífico. Colinda al norte con San Cristóbal Cucho, al oeste con La Reforma y Nuevo Progreso, al sur con Coatepeque y al este con Colomba Costa Cuca, estos dos últimos ya en Quetzaltenango. La cabecera departamental queda a 42 kilómetros, pero el día a día mira hacia el sur. En aldea Sintana, a 7 kilómetros de Coatepeque, está el cruce donde se separan los caminos a El Quetzal y a La Reforma, y por ahí entra y sale casi todo el mundo. Otra ruta sube hacia San Marcos, un camino propio lleva a finca Oná, y la capital queda a 238 kilómetros por la carretera de la costa.

Cerca de dos terceras partes del suelo están sembradas de café, y el hule ocupa parte de las tierras más bajas y calientes. El municipio se organiza en 8 aldeas, 3 cantones y 16 caseríos, además de 17 fincas privadas, y la cabecera es su único centro urbano. Finca Oná, formada hacia 1860, es una de las fincas cafetaleras más antiguas del país. Desde 1976 traslada a sus trabajadores y el café cosechado en un teleférico suizo que antes fue atracción de una exposición sobre el lago de Zúrich. En noviembre la feria titular honra a San Diego de Alcalá, y en Semana Santa el testamento de Judas se lee frente a la municipalidad.

Casi nueve décimas partes del territorio quedan por debajo de los 1,500 metros, pero el extremo norte sube hasta los 2,500, y eso se nota en lo que se siembra: café bajo sombra en las laderas, hule y calor en la parte baja, y alguna helada entre diciembre y febrero en lo más alto. Los suelos vienen de ceniza volcánica; en unos sitios son profundos y fértiles, en otros delgados y fáciles de erosionar. Llueve con fuerza buena parte del año, pero de diciembre a abril los cultivos piden riego. Por eso un nacimiento o una toma de agua segura pesa mucho en el valor de un terreno. El río Naranjo atraviesa el municipio, y sus pozas, La Poza del Aguacate y Los Tres Chorros son el paseo de fin de semana de muchas familias.

En El Quetzal viven unas 25,000 personas, en su mayoría ladinas y de habla española, con algunas familias mam. El pueblo ha tenido que defender su lugar: en 1935 hubo un intento desde La Reforma de quitarle la categoría de municipio, y fueron vecinos del propio pueblo quienes lo frenaron. Quien compra suele ser una familia local o alguien que trabaja o tiene negocio en Coatepeque y prefiere vivir con más terreno sin alejarse de la ciudad. Los vecinos de aldea San Francisco, por ejemplo, bajan al Hospital Nacional de Coatepeque cuando el puesto de salud no alcanza.

Casas en El Quetzal:

Lo que se vende aquí es vivienda familiar. En la cabecera las casas se agrupan en torno a la calle principal y el parque central, en la zona 1, y de vez en cuando sale a la venta alguna sobre esa misma calle, a pocos pasos de la municipalidad, la parroquia y el comercio. En aldeas como Juncá, San Francisco o Sintana se vive más cerca de los cultivos y más lejos de los servicios. Antes de cerrar trato conviene preguntar de dónde llega el agua y recorrer el camino de acceso en pleno invierno, sobre todo en las comunidades del norte.

Terrenos y Lotes en El Quetzal:

La tierra es el mercado principal, y aquí se mide y se negocia por cuerdas. Cerca de aldea Sintana salen a la venta parcelas a orilla de carretera, con servicios a mano y a pocos minutos de Coatepeque, que sirven tanto para sembrar como para construir. El terreno plano escasea en esta ladera, y quien lo tiene lo anuncia como tal. Más arriba, casi todo es tierra de café. Si busca terrenos en venta en El Quetzal, pida la escritura inscrita y no se conforme con un documento privado de compraventa, y camine los linderos antes de hablar de precio.

Preguntas frecuentes:

  • ¿Cómo se llega a El Quetzal desde Coatepeque?

    Se sale hacia el norte rumbo a aldea Sintana, a unos 7 kilómetros, donde el camino se parte: un ramal va a El Quetzal y el otro a La Reforma. Desde ahí la carretera sube entre cafetales hasta la cabecera. Hacia San Marcos hay otra ruta por el norte del municipio.

  • ¿Dónde queda el hospital más cercano?

    La cabecera tiene centro de salud, y algunas aldeas, como San Francisco, cuentan con puesto de salud para la consulta general. Para emergencias, cirugías o especialistas hay que bajar al Hospital Nacional de Coatepeque. Esa misma ciudad es la más cercana para compras grandes.

  • ¿Qué hay que revisar antes de comprar un terreno en El Quetzal?

    Lo primero es saber en qué municipio está inscrito. En la franja de Sintana y del límite sur, la línea con Coatepeque pasa muy cerca, así que conviene confirmar en el Segundo Registro de la Propiedad de Quetzaltenango, que atiende a San Marcos, que la finca registral corresponde a El Quetzal. Si la parcela salió de una finca más grande o de una herencia, verifique que la desmembración esté inscrita y que las medidas de la escritura coincidan con lo que hay en el campo. En terreno de ladera, pregunte además cómo queda el camino de acceso en invierno.

  • ¿El clima es cálido o fresco?

    Depende de la altura. La parte baja, hacia Coatepeque, es caliente y húmeda, y ahí está el hule; los cafetales de ladera son más templados, y en lo más alto del norte pueden caer heladas entre diciembre y febrero. Para quien piensa sembrar, la altura del terreno dice más que su distancia al pueblo.