Caballos

Encuentra y ofrece caballos en Guatemala.

Dentro de casi toda montura de vaquería guatemalteca va un fuste de madera de mango, muchos hechos en Santo Domingo Suchitepéquez, que después un talabartero forra de cuero y arma para manzanear el lazo. Aquí se ofrecen caballos que buscan nuevo dueño: caballos de finca que trabajan ganado, criollos pequeños que suben carga a las aldeas del altiplano y caballos de paso con sangre andaluza o de paso peruano. También los aperos que llevan, nuevos o usados: monturas vaqueras y charras, cabezadas, frenos, cinchas y arganías.

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Caballos de finca, criollos de aldea y caballos de paso:

cada uno le pide algo distinto al jinete. El caballo de trabajo de una finca ganadera es criollo, cuarto de milla o cruza de los dos, y se le aprecia que sea tranquilo en el corral, rápido al arrancar y firme mientras se manzanea el lazo. El criollo pequeño de las aldeas del altiplano es de paso seguro y come poco, hecho a llevar jinete o carga por veredas empinadas, no al ganado. Los caballos con sangre de Pura Raza Española o de paso peruano se montan por su andar y su porte en cabalgatas y exhibiciones, así que la doma pesa tanto como la sangre. Los remolques para moverlos están en remolques de caballos, y el concentrado en alimentación animal.

Capado, yegua o entero, cerrero o de rienda:

esas dos preguntas deciden más que la raza. Un caballo capado es lo más seguro para una familia o para quien empieza. Una yegua puede ser igual de buena, aunque más temperamental cuando anda en celo, y si viene preñada usted se lleva dos. Un entero pide alguien con experiencia y un lugar lejos de las yeguas. Luego la doma: un potro que nunca ha llevado montura son meses de trabajo, un caballo amansado acepta montura y jinete, y uno de rienda responde a las riendas y a la pierna. Pregunte qué ha hecho el caballo, no qué podría hacer.

El fuste de una montura vaquera:

decide si le queda al caballo. La montura de vaquería guatemalteca es de trabajo, con la manzana adelante para el lazo. La charra sigue el modelo mexicano, con la cabeza más ancha y plana y más labrado, y es la que sale en las fiestas. Sea cual sea, el fuste tiene que corresponder a la cruz. Uno hecho para un criollo angosto le aprieta a un cuarto de milla de lomo ancho, y uno muy abierto se le asienta sobre el espinazo; de cualquier forma el caballo termina con una matadura. Pruébela en el caballo que la va a llevar.

Un caballo agarrado, ensillado y montado frente a usted:

enseña más que uno que lo espera amarrado y ensillado. Véalo traer del potrero, que le levanten las patas, lo ensillen y lo monten al paso y al trote en piso duro: si cabecea a cada paso, está cojo. Un caballo medio dormido con el belfo colgando puede ser manso, o puede que le hayan dado algo; una segunda visita sin avisar lo aclara. Busque rajaduras hondas en los cascos y mal olor en las ranillas, y manchas de pelo blanco en la cruz y el lomo, señal de mataduras viejas. Palos mordidos y dientes de adelante gastados delatan a un caballo que traga aire, una maña que casi nunca se quita. Pida el carné de vacunas y los papeles que lo acompañan, y si es caballo de exhibición o yegua de cría, que lo revise un veterinario.

Una montura usada y su fuste:

valen juntos o no valen. Apoye la montura sobre la parte de adelante y empuje la de atrás hacia abajo: un fuste sano no se mueve, uno quebrado cede o truena, y ningún cuero bueno lo compensa. La manzana debe sentirse parte del armazón cuando intente moverla. Revise las costuras donde cuelgan las cinchas y las aciones, que es donde una montura se suelta con peso.

La historia de un caballo, en video y por escrito:

es lo que hace que alguien viaje a verlo. Ponga edad, sexo, alzada y sangre, y diga si ha trabajado ganado, ha ido a cabalgatas o ha cargado niños. Diga claro si patea, muerde, traga aire, no se deja herrar o no quiere subir al remolque. Un video corto agarrándolo, ensillándolo y montado vale más que una docena de fotos. Para una montura, indique el estilo, el talabartero si lo sabe y la medida del fuste, y fotografíe la parte de abajo, la manzana y las costuras. Quien venga desde Sayaxché debería encontrar al caballo todavía en el potrero, para verlo agarrar y ensillar en lugar de conocerlo ya amarrado y tranquilo.