Microondas
Compra y vende microondas en Guatemala.
A la hora del almuerzo, en una oficina de la zona 4 se hace cola frente al microondas: el recipiente con arroz y pollo de la casa, las tortillas envueltas en una servilleta, dos minutos cada quien. Ese micro de oficina es la misma máquina que el compacto de 0.7 pies cúbicos de la cocina, solo que más trabajado. Casi todos son de mesa, de Whirlpool, Mabe, Samsung o Midea; otros van sobre la estufa como microcampana, traen grill o convección, o son comerciales, hechos para aguantar el almuerzo de un comedor. Nuevo en caja o usado, el tamaño, la potencia y el lugar donde va a quedar deciden casi todo.
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Dónde va a quedar el microondas decide media compra:
la mayoría busca uno de mesa, que solo pide un tomacorriente y espacio para respirar. El microondas sobre la estufa, la microcampana, se atornilla bajo un gabinete y trae ventilador y filtros de grasa abajo, así que hace el trabajo de un extractor de grasa y le va a una cocina ya preparada para eso. Los combinados agregan grill o convección y sí doran y hornean, con lo que una cocina chica se puede ahorrar el horno o el horno tostador. Los comerciales, como el de un comedor a la hora del almuerzo, tienen la cavidad de acero, no llevan plato giratorio y traen un teclado sencillo para calentar plato tras plato.
Por qué un microondas de 700 watts tarda más con los poporopos:
la capacidad se vende en pies cúbicos. El de 0.7 recibe un plato de comida y alcanza para una pareja o para el escritorio; entre 1.1 y 1.4 es el tamaño familiar, con lugar para un refractario. Los compactos andan por los 700 watts y los familiares llegan a 1,000 o más, y los tiempos impresos en una bolsa de poporopos o en una comida congelada suelen estar pensados para el más fuerte. Un modelo inverter sostiene una potencia baja y pareja en vez de prender y apagar a toda potencia, y eso se nota al descongelar carne sin que se cocinen las orillas.
Lo que un compacto nuevo barato le hace al precio del microondas usado:
un compacto nuevo de 0.7 anda entre Q600 y Q800 a precio normal, y uno familiar de 1.1 a 1.4 entre Q1,000 y Q2,000 según marca y acabado. Con el compacto nuevo a ese precio, el usado tiene que salir bastante más barato y calentar delante de ti para ser buen negocio. Lo que se gasta es el magnetrón, el tubo que produce el calor, y por fuera nada dice cuánta vida le queda. Los grandes de acero inoxidable, los combinados y los comerciales sostienen mejor el precio.
Un vaso de agua dice casi todo de un microondas usado:
ponle un vaso de agua fría un minuto a toda potencia y tiene que salir caliente; si sale tibia, el magnetrón ya está cansado. Luego busca la plaquita de mica en la pared interior. Si tiene una mancha quemada saca chispas, y aunque cambiarla es barato, dejarla así termina dañando el magnetrón. El óxido o la pintura picada dentro de la cavidad también chispean, y eso no tiene buen arreglo. La puerta debe cerrar firme en los dos pestillos, con la malla de la ventana entera. Aprieta todas las teclas: el vapor y los dedos con grasa acaban con los teclados de membrana, y al micro de oficina lo delata el botón de “+30 segundos” borrado de tanto uso.
Para anunciar tu microondas, con todo y plato:
pon la marca, el modelo de la etiqueta en el marco de la puerta o atrás, la capacidad y los watts, y di si estuvo en una casa, en una oficina o en un comedor, porque no vale igual uno que trabajó todo el día. Tómale foto por dentro, limpio y con la luz encendida, y si alguna vez chispeó, dilo; un video de la prueba del agua deja claro que calienta antes de que alguien salga a verlo. El plato de vidrio y el aro de rodillos son de cada modelo, así que entrégalos con él, y cuando lleguen a traerlo envuelve el plato en una toalla y dalo aparte: es lo único que se quiebra en el camino.
Preguntas frecuentes:
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¿Funciona en Guatemala un microondas traído de Estados Unidos?
Sí. Aquí la corriente es de 120 voltios y 60 hertz, con el mismo enchufe de patas planas, así que se conecta directo. Uno comprado en Europa trabaja a 220 o 240 voltios y no vale la pena adaptarlo.
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¿Vale la pena reparar un microondas que no calienta?
A veces. Un fusible quemado, un interruptor de la puerta o el diodo de alto voltaje son piezas pequeñas que un técnico cambia rápido; un magnetrón muerto en un compacto casi nunca justifica la cuenta. No lo abras tú: el capacitor de adentro guarda una carga peligrosa aunque esté desconectado.