Año Nuevo
Compra y vende ollas tamaleras y artículos de Año Nuevo en Guatemala.
A la medianoche del 31 muchas familias guatemaltecas están desenvolviendo un tamal, mientras detrás de la puerta principal espera una maleta llena de ropa para que el año que entra traiga viajes. Es la noche de la olla grande de tamales, las doce uvas, la ropa interior amarilla para que no falte el dinero y la ropa que se estrena. Ollas, copas para el brindis y vestidos guardados para esa sola noche se ofrecen aquí nuevos y usados. Lo que lleva el año impreso deja de servir el 1 de enero, así que vale la pena buscar piezas sin fecha que vuelvan a salir el otro diciembre.
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Tamales a la medianoche y una uva por cada campanada:
el 31 en Guatemala es primero mesa y después fiesta. La mesa pide una olla honda para los tamales, una jarra de ponche, copas para el brindis y un vasito de uvas servido para cada quien. Buena parte de eso ya se usó el 24, así que una olla tamalera publicada en Navidad le sirve igual a esta noche. Lo de la fiesta pesa menos: sombreritos, serpentinas, guirnaldas doradas y plateadas, un rótulo para la pared y globos metálicos en forma de números. Estrenar para la noche es costumbre vieja en Guatemala, por eso los vestidos y camisas comprados para una Nochevieja aparecen de segunda mano en cuanto pasa. Un vestido rojo estrenado el 31 tiene otra salida pocas semanas después en San Valentín.
Una olla tamalera se mide en tamales:
el tamal guatemalteco no se para sobre una rejilla de vapor. Se acomoda sobre una cama de hojas sobrantes con agua en la olla, se tapa con más hojas y una manta, y se deja cocer por horas, así que la olla que importa es honda, ancha y de pared gruesa. El aluminio delgado pesa poco, pero quema la capa de abajo antes de que la de arriba esté lista; uno de mayor calibre reparte el calor de la hornilla o del fuego de leña y no se deforma. Como las hojas y la manta guardan el vapor, una tapadera que cierra un poco chueca no es motivo para dejarla. Las orejas flojas sí, porque una olla llena se carga entre dos. Escójala según su tanda: la de familia lleva unas cuantas docenas, y una tamalada que alcance también para los vecinos pide una que apenas cabe en la estufa. Una olla de aluminio de casa, para la tanda de la familia, arranca en unos Q350 nueva, y una comercial gruesa donde caben los tamales de toda la cuadra pasa de Q900. El aluminio de ese grosor casi no se gasta, así que una usada con el fondo sano y las orejas firmes cocina igual que una nueva, y su precio solo debería bajar por las fallas que pesan en diciembre: un golpe en la orilla del fondo, la tapadera perdida, un remache que suda.
Papel dorado, lentejuelas y todo lo que lleva el año impreso:
un rótulo, un juego de copas o un mantel con el año estampado se acaban a la medianoche, así que lo usado de Año Nuevo vale la pena cuando no trae fecha. Los globos metálicos de números se venden de uno en uno y por lo general solo cambia el último, pero pregunte si el globo usado conserva la válvula entera, porque con la válvula rota ya no vuelve a inflarse. Los vestidos de lentejuelas se pelan en las axilas, en el asiento y donde rozó la correa de la cartera: revise esos lugares con luz de día antes de cerrar trato. La ropa interior, amarilla o del color que sea, solo conviene nueva y en su empaque. En una olla usada, mire por dentro si hay picaduras que dejó el agua estancada por semanas, revise si el fondo se abombó donde pegaba la llama y levántela de cada oreja por separado.
Una olla tamalera publicada a principios de diciembre:
encuentra al comprador cuando todavía está planeando, y quien hace tamales para el 24 la vuelve a usar una semana después. Diga cuántos tamales le caben, porque aquí nadie piensa una olla tamalera en litros, y fotografíe el fondo por dentro además de por fuera. Para un vestido o una camisa, dé las medidas de pecho, cintura y largo en vez de la talla de la etiqueta, aclare si se usó una sola vez y si ya se lavó, y muéstrelo con luz de día para que las lentejuelas digan la verdad. Llénela de agua una hora antes de que llegue el comprador que viene de Cobán el 30: una olla sana deja la mesa seca, y un remache que suda se delata solo sin que nadie tenga que preguntar.