Sofás & Sillas

Compra y vende sofás y sillas en Guatemala.

En Guatemala la silla plástica es tan de la familia como el sofá: pasa casi todo el año apilada en el patio y sale en filas para un bautizo o un cumpleaños. Las dos se compran y se venden nuevas y usadas, junto con los sofás cama, los bancos de bar giratorios y los puffs que guardan frazadas por dentro. Las sillas plásticas blancas y beige cambian de manos por docena cada vez que un alquifiestas renueva su mobiliario, y se cotizan por unidad. Lo tapizado es otro asunto: lo que importa está debajo de los cojines, así que pida una foto con ellos quitados.

Asientos tapizados y sillas duras:

se gastan de maneras muy distintas. Del lado blando van los sofás, desde el love seat hasta la sala en L y el sofá cama, y los sillones individuales; envejecen por la espuma, los resortes y el forro. Del lado duro están las sillas de comedor y las sillas de oficina, donde fallan primero las uniones, las ruedas y el pistón. Los bancos de bar giratorios y los puffs quedan entre los dos, y el puff u otomana muchas veces es una caja con tapa que se traga las frazadas.

Sofás cama, y los resortes o cinchas bajo el asiento:

primero fíjese en cómo se abre la cama. El sofá cama tipo futón o clic-clac baja el respaldo hasta dejarlo plano, y se duerme sobre la misma espuma del asiento: firme, rápido, suficiente para el familiar que llega de visita. El de jalar esconde un marco metálico plegable con un colchón delgado; se sienta como un sofá normal, pero quien duerme ahí siente la barra a media espalda. Debajo de cualquier asiento, el soporte son resortes zigzag de acero que corren de adelante hacia atrás o cinchas elásticas tensadas sobre el marco, y las cinchas se aflojan antes en un sofá que se usa todo el día. Un bloque de espuma de alta densidad mantiene la forma por años, y los respaldos rellenos de espuma picada se apelotonan.

El precio de contado detrás de un sofá usado:

no la cuota. Las mueblerías anuncian el pago mensual con letra tan grande como el precio, y quien vende suele recordar la cuota o el total pagado, no lo que costaba el sofá al contado. Compare con el contado de uno parecido nuevo: un sofá de tela de tres puestos va desde unos Q3,000 el más sencillo hasta Q7,000 o más uno mejor armado. Luego descuente por el forro: una tela manchada o con olor a mascota pesa mucho más que unos brazos gastados, y los forros de zíper lavables sostienen el precio. Con las sillas de evento la cuenta va al revés: una silla plástica nueva cuesta bastante menos de Q100, así que el precio por silla de un lote usado tiene que dejar margen para las pocas que salgan rajadas.

Sillas plásticas y Tiffany de un alquifiestas:

los alquifiestas que montan bautizos, primeras comuniones y graduaciones renuevan sus sillas por lotes, y de ahí sale la mayoría de las usadas. Voltee varias: unas rayas blancas donde la pata se une al asiento son marcas de esfuerzo, y la silla que las tiene es la próxima en rajarse con un invitado encima. Las Tiffany de resina, que muchos anuncian como chiavari, deben quedar firmes sobre un piso parejo y con todos los barrotes del respaldo enteros. Pregunte si los cojines y las fundas van en el lote.

Debajo de los cojines de un sofá usado:

quítelos todos antes de hablar de precio. Apriete la base con la mano: debe empujar de vuelta parejo, y los resortes zigzag flojos suenan o golpean contra el marco. Abra el zíper de un cojín: bloque de espuma o pedazos sueltos. Pase el dedo por las costuras y revise debajo de la tela engrapada a la base: unos puntitos negros ahí son señal de chinches, y un sofá que las trae mejor se queda donde está. En un banco de bar giratorio, siéntese un minuto; si el pistón baja solo, necesita cilindro nuevo.

Fotos del asiento sin cojines, de la tela y de las sillas apiladas:

son lo que pide alguien de Huehuetenango o Jalapa antes de hacer el viaje por un sofá. Tómelas con luz de día, con cojines y sin ellos, y diga claro si en esa sala hubo mascotas o se fumaba. Un sofá cama, enséñelo abierto. Dé ancho, fondo y alto, y en una sala en L, el lado de la chaise. En sillas de evento, dé cantidad y color, aclare si vende el lote por partes y agregue un acercamiento de una pata. Y si el sofá cama lleva años sin abrirse, ábralo antes de que llegue nadie: un mecanismo que se traba frente al comprador cuesta más que cualquier mancha.