Sillas De Comedor

Compra y vende sillas de comedor en Guatemala.

Las mueblerías del país las anuncian como sillas “para comedor o pantry”, porque la misma silla sirve en el comedor y en el rincón de comer junto a la cocina. Muchas llegan dentro de un juego de comedor que se nombra por su número de sillas, cuatro, seis u ocho, y por eso tantas se venden después por juego cuando la mesa ya se fue. Nuevas o usadas, las de siempre son de madera con asiento acolchado, tapizadas en tela o cuerina, de concha plástica “tipo Eames” o metálicas apilables. Cuente primero las sillas de la foto: un juego al que le falta una es otro trato.

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Cómo está hecha una silla de comedor, del asiento acolchado a la concha plástica:

de eso depende por dónde se gasta. La de estructura de madera con asiento acolchado lleva una tabla forrada de espuma y tela, atornillada por debajo, así que el asiento sale entero y se puede volver a forrar. La tapizada completa, sea la recta tipo Parsons o una de respaldo capitonado, cubre todo el marco de tela, terciopelo o cuerina y es más suave en un almuerzo largo de domingo, pero su forro ya es trabajo de tapicero. La concha de polipropileno sobre patas de madera, que casi todos venden como silla tipo Eames, es liviana y se limpia con un trapo, buena para el pantry. Las de pura madera y las metálicas apilables son las más sencillas y las que más aguantan.

Altura del asiento, brazos y la mesa donde van a entrar:

la silla tiene que quedarle a la mesa más que a la sala. Siéntese y compruebe que entre sus muslos y la parte de abajo de la mesa quede un palmo cómodo, y que los brazos, si los tiene, entren bajo la orilla sin chocar; una silla que no se mete ocupa justo el piso que una mesa compacta debía liberar. Las islas de cocina y las barras son más altas que un comedor, y con una silla normal el plato queda a la altura del pecho. La otra mitad del juego está en mesas de comedor, y para una jornada entera frente al escritorio está la silla de oficina, hecha para eso.

Juegos completos, sillas sueltas y lo que cuesta una nueva:

comprada por unidad en una mueblería o un almacén, una silla de comedor va desde unos Q300 la de concha plástica o la acolchada más sencilla hasta cerca de Q1,500 una de madera sólida o terciopelo. Usadas, se valoran por juego mucho más que una por una. Seis iguales llenan una mesa y salen rápido; cinco iguales y una parecida valen bastante menos, porque el modelo suele desaparecer de las tiendas antes de que una silla se quiebre, y un forro nuevo se nota al lado de cinco desteñidos. Una silla suelta se va barata y casi siempre termina frente a un escritorio, no en un comedor.

La unión de las patas traseras y los tornillos bajo el asiento:

entre los dos cuentan cómo la trataron. Agarre la parte alta del respaldo y muévala con fuerza de lado a lado, con las patas delanteras firmes. Si cede, hay una unión floja, y la primera en aflojarse casi siempre es donde las patas traseras se juntan con el marco del asiento, la que sufre cada vez que alguien se echa para atrás en dos patas. Voltéela: los tacos de las esquinas deben estar pegados y atornillados. Clavos metidos en una unión, escuadras de metal o pegamento escurrido son reparaciones anteriores, y una silla arreglada con clavos va a pedir arreglo otra vez. En un asiento acolchado, quite los tornillos y levante la tabla: un forro manchado se arregla fácil, una tabla rajada o hinchada no. En una concha plástica, busque fisuras finas donde las patas se atornillan al plástico y donde el respaldo se curva desde el asiento. Las Eames originales las fabrican Herman Miller o Vitra y llevan la marca moldeada por debajo; sin ella, es réplica y se cobra como réplica.

Un juego de sillas que se quedó sin su mesa:

es lo que la mayoría termina vendiendo, después de pasarse a una casa más chica o de estrenar comedor, así que ponga la cantidad en la primera línea y aclare si las vende por separado. Fotografíe todas en fila con luz de día, una boca abajo, y de cerca el asiento más gastado, no el mejor. Sea honesto con mascotas y niños chiquitos, porque los asientos de tela guardan la evidencia de ambos. Antes de que alguien maneje desde Coatepeque o Salamá, avísele si las sillas se apilan y si las patas se desatornillan: muchas importadas vienen desarmadas y se arman con una llave Allen, y un juego sin patas muchas veces cabe en un carro sin contratar camión.