Sillones

Compra y vende sillones en Guatemala.

El reclinable frente a la tele, el sillón de respaldo alto para leer, el decorativo de patas de madera, la mecedora del corredor: son los asientos para una sola persona, nuevos de tienda o usados de una casa que está cambiando la sala. Aquí la sala se sigue vendiendo como juego 3-2-1, y el “1” muchas veces termina vendiéndose solo cuando el sofá se gastó primero. Antes de ir a verlo, pide las medidas y una foto de la parte de abajo.

Reclinables, sillones decorativos y mecedoras:

lo que los separa es si el asiento se mueve. Un sillón fijo, sea tipo club, de orejas para leer o decorativo con patas a la vista, es estructura, espuma y forro, y dura lo que duren esas tres cosas. El reclinable esconde un mecanismo de acero bajo el asiento que se acciona con palanca lateral, recostándose contra el respaldo o con un motor de botones y enchufe. Los giratorios tipo mecedora además giran y se mecen, con más piezas que se gastan. La mecedora de madera con asiento tejido va por otro lado: sin espuma, sin forro, nada que se pele. En las tiendas de Guatemala sillón puede ser de una, dos o tres plazas, así que el que buscas es el sillón individual o de una plaza. Los de dos y tres plazas van en sofás, y las sillas para mesa o escritorio en sillas de comedor y sillas de oficina.

Un reclinable a la medida de la sala y un forro a la medida del clima:

mide el piso antes que el sillón. El reclinable necesita espacio libre al frente para el apoyapiés y, salvo los modelos que se pegan a la pared, un hueco atrás para el respaldo. Uno que cabe cerrado puede tapar una puerta ya abierto. El forro decide cómo envejece. La mayoría de reclinables de precio bajo vienen en cuero sintético (PU), que se limpia fácil pero con los años se agrieta y se pela donde roza la piel: cabecera, parte alta de los brazos, orilla del asiento. En el calor de Retalhuleu o Zacapa el PU además se pega a los brazos, y ahí la tela o una mecedora de madera son más frescas. La microfibra disimula el uso y no se pela.

Lo que cuesta un reclinable individual frente a una sala reclinable completa:

uno individual anda entre Q2,500 y Q5,500 nuevo a precio normal, con los eléctricos y los giratorios en la parte alta, mientras que un juego reclinable 3-2-1 pasa de Q18,000. Por eso conviene un individual usado: suma un reclinable sin cambiar el juego. En contra, el comprador descuenta fuerte lo que no se ve: cuántos años lleva trabajando el cable de la palanca y los resortes, y qué tan cerca está el PU de pelarse. Con el forro ya pelado, el sillón vale su estructura y su mecanismo para quien lo mande a retapizar.

Revisar el mecanismo y el forro de un reclinable usado:

siéntate y reclínalo varias veces. El apoyapiés tiene que abrir, trabarse, aguantar tu peso y cerrar sin patadas. Si la palanca hay que jalarla duro o no hace nada, casi siempre es el cable de tiro estirado, que suele ser lo primero que falla; si el asiento se ladea, hay un resorte quebrado o un brazo del mecanismo torcido. Mira abajo por óxido y tornillos que falten. En uno eléctrico, pide verlo funcionar con su propio transformador y revisa que el cable no esté prensado en el mecanismo. Un motor que zumba sin mover nada ya va de salida. En cualquier sillón, empuja los brazos de lado a lado: si juegan, las uniones se aflojaron. Si la orilla del asiento se queda hundida al apretarla, la espuma ya cedió. Y lee con cuidado la palabra “cuero” en un anuncio: el cuero real tiene un grano disparejo y un revés afelpado en el borde cortado; el PU y el cuero reconstituido muestran una base de tela tejida.

Anunciar un reclinable o el “1” de una sala 3-2-1:

da ancho, fondo y alto cerrado, y luego el fondo totalmente reclinado, porque a quien compra le preocupa sobre todo si pasa por su puerta y cabe frente a su tele. Toma fotos de lado reclinado, de abajo y de cerca en cabecera y brazos. Indica si es de palanca o eléctrico, de qué es el forro y si el sofá y el love seat del mismo juego también están a la venta. Si el mecanismo falla en algo, dilo claro, y avisa si el respaldo se desmonta. En muchos reclinables sale directo de sus soportes, y así es como un sillón que no pasa entero por la puerta llega a un segundo nivel.