Armarios

Compra y vende armarios en Guatemala.

La mayoría de roperos de tienda en Guatemala llega en caja para armar, muchos de fábricas brasileñas como Moval, en tablero de MDF o MDP que se arma en casa y hay que desarmar otra vez en cada mudanza. Eso pesa más en el valor de uno usado que el color o el espejo. Los gaveteros y las bufeteras de comedor siguen la misma lógica, y los armarios plásticos para el patio o la pila y los archivos metálicos de oficina tienen sus propias reglas. Nuevo o usado, un buen anuncio dice si el mueble sigue armado o ya está en piezas, y si se conservó la bolsa de herrajes.

Roperos, bufeteras, armarios plásticos y archivos metálicos:

cuatro muebles que comparten nombre y poco más. El ropero o clóset es el armario de pie, que se cuenta por puertas, y el gavetero es la cómoda que se compra para ponerla junto a una de las camas. La bufetera o trinchante guarda platos y manteles al lado de las mesas de comedor, y el chinero le agrega puertas de vidrio arriba. Los armarios plásticos, de resina moldeada con acabado tipo ratán o madera, van donde el tablero no aguanta: un patio techado, la pared de la pila, un baño sin ventana. Los archivos metálicos grises salen de oficinas y terminan junto a los escritorios de la casa o en la bodega de un negocio pequeño.

MDF o MDP en un ropero para armar:

la etiqueta dice más que el acabado, porque dos roperos con la misma melamina wengué pueden estar hechos de tableros muy distintos. El MDP es aglomerado, viruta prensada bajo una lámina impresa. Es más liviano y más barato, y lo primero que falla son los agujeros de los tornillos. El MDF es una fibra más fina y densa que agarra mejor el tornillo; por eso los roperos grandes de seis puertas suelen ser de MDF o de una mezcla de los dos. Ninguno perdona el agua en un canto sin sellar. Importa más el fondo que el ancho: en los modelos económicos poco profundos los ganchos de adulto rozan las puertas. En Quetzaltenango o en Cobán, donde las casas se mantienen frías y húmedas durante el invierno, un ropero cerrado pegado a una pared exterior cría moho en el respaldo y la ropa empieza a oler a humedad. Déjele un espacio atrás y prefiera puertas con ventilación o una base levantada. Ahí es donde un armario plástico se gana su lugar.

Cuánto vale un ropero para armar después de armado:

menos de lo que espera quien lo vende, y la razón es la mudanza, no la edad. Nuevo, un ropero de MDP de dos o tres puertas arranca entre Q900 y Q1,300, y los grandes de seis puertas en MDF con espejo andan entre Q3,000 y Q6,000. Usado se cotiza bastante más abajo, porque el comprador hereda el trabajo de desarmarlo, cargarlo y volver a armarlo, que afloja cada herraje, y porque muchas veces el mismo modelo sigue en la tienda.

Bisagras, respaldos y rieles en un mueble usado:

ahí es donde se desgasta el mueble para armar. Abra cada puerta. Una bisagra de cazoleta que se zafó del tablero deja la puerta caída, y un tornillo nuevo en el mismo agujero casi nunca agarra. Revise la lámina delgada de fibra del respaldo, que es la que mantiene el mueble a escuadra: si está pandeada, rota o le faltan clavos, empuje una esquina de arriba y verá cómo se ladea todo el ropero. Saque cada gaveta hasta el fondo; los rieles metálicos de balines duran más que las rueditas plásticas. En un archivo metálico, pida la llave, cargue una gaveta y deslícela, y revise las patas por óxido donde se trapea el piso. Los armarios plásticos que pasaron al sol se ponen quebradizos y se les quiebran los clips la primera vez que se desarman.

Anunciar un ropero, armado o en piezas:

primero decida cómo va a salir de su casa. Si sale armado, el comprador necesita alto, ancho y fondo para saber si pasa por la puerta. Si lo desarma, tómele fotos todavía en pie, numere las piezas con masking tape y guarde en una bolsa cada tornillo, excéntrica y tarugo, junto con el instructivo si todavía lo tiene. Indique la marca y el tablero, que muchas veces vienen en una etiqueta dentro de una puerta o en el respaldo, y mencione cualquier canto hinchado. En un archivo, diga si van las llaves. Quien venga desde Villa Nueva o Escuintla por un ropero desarmado va a querer contar las piezas antes de pagar, así que téngalas extendidas con la bolsa de herrajes encima.