Gemelos
Compra y vende gemelos en Guatemala.
En Guatemala casi nadie dice gemelos: dice mancuernas, y como así se llaman también las pesas del gimnasio, conviene buscar mancuernas para camisa. Las más propias del país son las de jadeíta del valle del Motagua, cortada y montada en plata en los talleres de Antigua. Junto a ellas hay pasadores de acero, juegos chapados en oro comprados para una boda y nudos de seda para una camisa sin corbata. Aparecen nuevas y usadas, muchas con una sola puesta. Antes de quedar con el vendedor, confirme que el par está completo y que su camisa tiene el puño para llevarlas.
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Cómo se cierran los gemelos detrás del puño:
el cierre decide qué tan fácil es ponérselos. El de pasador, o de bala, tiene una barrita que se pone recta para cruzar los ojales y luego se atraviesa para trabar. Es el más común y el más fácil de poner con una sola mano. El de ballena tiene en cambio una lengüeta plana que se levanta, sin nada que girar. El de espalda fija es una sola pieza sólida, el más resistente y el más trabajoso de meter en un puño almidonado. El de cadenilla es la forma antigua, con una cara a cada lado del puño unidas por una cadena corta, y los nudos de seda son la opción suave y barata para una camisa sin corbata.
Puño francés y puño convertible en una camisa común:
las mancuernas necesitan ojal en los dos lados del puño. El puño francés, o doble, mide el doble de lo normal, se dobla hacia atrás y se junta de modo que los dos bordes queden de frente, como la boca de un monedero. El puño convertible trae botón pero también un segundo ojal, así que sirve para las dos cosas. Un puño sencillo con un solo ojal no admite ninguna, así que revise la camisa antes que el par; entre la ropa para hombre aparecen camisas cortadas para ellas. Bajo el saco conviene una cara discreta, y si lleva reloj en esa muñeca, uno de vestir delgado de los relojes para hombre entra bajo el puño doble donde uno de buceo no cabe.
Jadeíta del valle del Motagua, montada en Antigua:
Guatemala es uno de los pocos lugares del mundo donde se extrae jadeíta, a lo largo del río Motagua, y casi toda se corta y se pule en Antigua. Un par de mancuernas de jadeíta en plata 925 cuesta unos Q1,500 nuevo en un taller de allá, y las mismas piedras en oro, varias veces eso; los juegos de metal chapado cuestan una mínima parte. De segunda mano, el certificado que entrega el taller hace buena parte de la venta. Un par de jade con su papel y su estuche conserva más de su precio; el mismo par sin ninguno de los dos es una piedra verde que nadie puede respaldar. Las iniciales grabadas dejan como único interesado a quien comparta las mismas.
Lo que delata un par de gemelos usado:
pruebe primero el pasador. Una barrita que gira floja o cuelga en vez de trabarse suelta la mancuerna del puño a media cena. Voltee el par y mire los bordes y el poste, donde el baño se gasta primero y asoma debajo el latón o un metal gris. El sello 925 indica plata solo en una pieza que además se comporta como tal: si el metal se pone verde o un imán lo atrae, es una copia chapada diga lo que diga. Las de Montblanc y Hugo Boss se copian mucho, así que compare entre sí el logo, el grabado de atrás y el estuche. La jadeíta auténtica se mantiene fresca en la mano más tiempo que el vidrio o el plástico, y su color es disparejo, con vetas y zonas turbias. Una piedra de color perfectamente parejo, vidriosa con burbujitas o más verde dentro de sus grietas que en la cara está teñida o no es jade. Al turista se le vende serpentina teñida y vidrio como jade guatemalteco, y por eso el certificado pesa más aquí que con cualquier otro material.
Mancuernas que salen de la gaveta después de una boda:
casi todos los pares que se ofrecen usados se compraron para una boda, una graduación o un regalo y luego se guardaron, y por eso muchos conservan su estuche. Fotografíe de día las dos piezas juntas, de frente y por detrás, con el sello y el pasador a la vista, y diga de qué metal son en vez de qué color parecen. Indique si están grabadas y con qué iniciales, y si el jade trae el certificado del taller. Quien escribe desde Zacapa o Flores por un par de jadeíta querrá leer cómo es la piedra y ver la foto de ese certificado antes de quedar con usted.