Coleccionables
Compra y vende coleccionables en Guatemala.
Una ficha de latón con el nombre de una finca de café, que se le daba al cortador en lugar de dinero, puede terminar en la misma gaveta que una carta Pokémon sacada de un sobre en español. Las dos son coleccionables, y las dos valen lo que su evidencia demuestra: el nombre de la finca todavía legible en una, las esquinas intactas y la impresión correcta en la otra. El mercado abarca piezas nuevas y usadas, desde sobres sellados hasta figuras de porcelana que salen de la vitrina de la familia. Fotografía primero la base, la caja o el reverso, porque eso es lo que un coleccionista amplía antes que nada.
Cartas, figuras de acción y porcelana, cada una con su propia prueba:
una carta vale por sus esquinas y su impresión, una figura por su caja, una pieza de porcelana por la marca de su base. Las cartas coleccionables son sobre todo Pokémon, y en Guatemala se venden impresas en español y en inglés; la misma carta en los dos idiomas son dos piezas distintas con precios distintos, así que indica cuál tienes. Las figuras de acción van desde los Funko de vinil hasta figuras articuladas de Marvel y Star Wars y juguetes sueltos de los ochenta y noventa. La porcelana abarca Lladró y Nao, su línea hermana más accesible, y también las figuritas sin marca de la vitrina de la abuela, mientras el cristal Swarovski trae sus propias marcas y estuches. Las monedas y las antigüedades cargan la historia del país. Junto a los quetzales y centavos antiguos, la pieza más propia de Guatemala es la ficha de finca.
Las fichas de finca de las cafetaleras:
se acuñaron para las grandes fincas durante el siglo diecinueve y principios del veinte, y se les pagaban a los trabajadores en lugar de moneda nacional hasta los años veinte, cuando el quetzal reemplazó a la moneda anterior. Casi todas son de latón o de aluminio, con el nombre de la finca y un valor estampados. Muchas salieron de los mismos diseños de catálogo, cambiando solo el nombre, así que lo que pagas es sobre todo la finca, y que todavía se pueda leer. Una ficha de una finca de El Tumbador, en San Marcos, le dice más a quien conoce esa costa que cualquier ficha anónima.
Cajas de Funko y sobres Pokémon sellados:
muestran cuánto del precio de un coleccionable moderno está en el empaque. Un Funko Pop normal anda entre Q150 y Q200 nuevo, y la misma figura fuera de su caja se paga a una fracción, porque quien paga el precio completo los tiene en la repisa con todo y caja; una esquina doblada o una ventana amarillenta por el sol también restan. Un paquete sellado de seis sobres Pokémon ronda los Q350, y en cuanto se rompe el plástico vale solo lo que salió de adentro.
Un borde blanqueado, un dedo de Lladró pegado y una ficha perforada:
son las fallas que más cuestan y las que mejor se esconden en una foto. En una carta, revisa las esquinas y los bordes del reverso por desgaste blanco y luego ponla contra la linterna del celular: una original deja pasar muy poca luz, mientras muchas falsas se iluminan, se sienten delgadas y lustrosas y traen errores de ortografía en el texto de los ataques. En porcelana, mira los dedos, los pétalos y los encajes, que es lo que se quiebra, y pásales la yema del dedo; una pieza pegada se nota como una línea fina o un cambio de brillo. Después dale vuelta, porque solo lo que lleva el logo de Lladró es Lladró, y Nao tiene su propia marca. Muchas fichas de latón se perforaron para colgarlas como dije, y el agujero se lleva buena parte del valor. En una figura de acción, cuenta los accesorios contra la foto de la parte de atrás de la caja.
Una colección que se vende entera o por partes:
decídelo antes de publicar, porque siempre hay quien pide dos cartas de un fólder o una figura de la repisa, así que ponle precio de las dos formas. Fotografía reversos y bases con el mismo cuidado que el frente, indica el idioma de cada carta, junta las cajas y los certificados con las piezas que los trajeron, y en las fichas da el nombre de la finca y el departamento si los sabes. A una colección heredada le conviene una nota corta sobre su origen: una vitrina de familia en Antigua le dice más al comprador que la palabra vintage. Quien viene desde Retalhuleu por un juego de porcelana va a querer darle vuelta a cada pieza con buena luz, así que ponlas sobre una mesa junto a la ventana y no detrás del vidrio.