Antigüedades

Compra y vende antigüedades en Guatemala.

Un ropero de cedro que lleva generaciones en el mismo corredor y una máscara de baile repintada de fiesta en fiesta son las antigüedades en las que Guatemala es más fuerte, y una máquina de coser de pedal de la casa de la abuela va con ellas. Una antigüedad es usada casi por definición, pero también aparecen piezas nuevas de estilo colonial descritas como viejas, y conviene distinguirlas, porque aquí los talleres todavía tallan muebles a la manera antigua. Di cuál tienes, enseña el reverso y la parte de abajo además del frente, y menciona el pueblo de donde viene la pieza.

Muebles antiguos y estilo colonial:

comparten palabra en los anuncios guatemaltecos y poco más. Aquí todavía se tallan a mano muebles a la manera colonial, en pino, caoba y cedro, así que un ropero tallado o un baúl con clavos de adorno puede tener un siglo o haber salido del taller el mes pasado. En medio hay una generación de sillas, trasteros y mesas de estilo colonial hechos a mediados del siglo veinte, que ya muestran un desgaste honesto, y muchas piezas heredadas pertenecen a ella. Lo anterior a la independencia es escaso, y quien escribe colonial sin nada que lo respalde casi siempre habla del estilo. Las antigüedades de casa son más modestas y más fáciles de fechar: máquinas de coser de pedal, planchas de carbón, radios de bulbos, relojes de pared. Una Singer trae un número de serie que indica el año en que se fabricó, así que ponlo en el anuncio, y di si el radio o el reloj funcionan. Los quetzales y centavos antiguos se anuncian mejor con las monedas, y las figuritas de la vitrina de la familia con la porcelana.

Las máscaras de baile de las morerías del altiplano:

son la antigüedad más propia de Guatemala. Las morerías, talleres familiares en pueblos como Chichicastenango, tallan las máscaras en cedro y las alquilan con los trajes para los bailes de la fiesta, como el de la Conquista o el de los Toritos. Entre fiesta y fiesta la máscara se repara y se repinta, a veces para otro personaje, así que una vieja que de verdad se bailó lleva varias capas de pintura y muchas veces las iniciales de la morería talladas o quemadas por detrás. La mayoría de esas ya terminó en colecciones. Las que se ofrecen nuevas se tallan para el visitante y se les da un acabado envejecido: lucen bien en la pared, pero no son antigüedades.

El reverso de un ropero y el interior de una máscara:

dicen más que el frente. Saca una gaveta y mira el fondo y el panel de atrás: en una pieza vieja están sin acabado, oscurecidos por el aire y no por tinte, y las tablas cambian de grosor donde se cepillaron a mano. El desgaste tiene que estar donde la madera toca manos y pies, en los brazos, los frentes de gaveta y los travesaños entre las patas, no repartido parejo por toda la superficie. Los túneles de polilla abiertos a lo largo de la veta son viejos; los agujeros redondos y limpios que entran derecho pueden ser taladrados. Si hay aserrín fino en el piso debajo de una pata, la polilla sigue trabajando, y hay que tratar ese mueble antes de meterlo junto a los demás. Dale vuelta a la máscara. Los años contra la cara del danzante dejan el interior del cedro viejo oscuro y liso en los bordes, y un despostillado en la orilla deja ver los colores de abajo. Un reverso de madera cruda o teñido parejo, o una mugre del mismo tono metida en cada hueco, apunta a una talla nueva. Una reparación no es defecto en ninguna de las dos piezas, siempre que se diga.

Pátina, reparaciones y procedencia en tu anuncio:

son lo que pesa quien compra una pieza vieja, así que da las tres. No lijes ni barnices un ropero antes de venderlo; el acabado gastado es parte de lo que se paga, y restaurarlo se lo quita. Fotografía el reverso, la parte de abajo, las uniones de las gavetas y los herrajes, y luego di qué se ha cambiado: bisagras, una puerta, una pata, una mano de pintura. Da alto, ancho y fondo, y aclara si se desarma, porque un ropero alto tiene que pasar por la puerta de alguien y subir una grada angosta. En una máscara, nombra el baile al que pertenece si lo sabes y copia las iniciales que tenga atrás. Una línea sobre su origen, la casa de la abuela en Jalapa o una finca a las afueras de Mazatenango, dice más que la palabra antiguo, y quien venga a verla va a querer abrir las gavetas con luz de día, no en un corredor oscuro.