Arte
Compra y vende arte en Guatemala.
Una cosecha de maíz pintada desde arriba por un pintor de San Pedro La Laguna, una serigrafía de Carlos Mérida firmada a lápiz, una máscara de torito tallada en una morería de Chichicastenango: el arte en Guatemala suele llegar en piezas así, nuevas de manos de quien las hizo o usadas, de una casa que se está vaciando. Junto a ellas hay fotografías enmarcadas, impresiones en lienzo y tallas en madera y piedra. Lo que fija el valor casi nunca es el tamaño, sino quién hizo la pieza, si es la original o una de muchas y cómo se ve por detrás.
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Óleos del lago de Atitlán, grabados firmados y máscaras de baile:
tres tipos de arte guatemalteco que conviene saber leer. Los pintores tz’utujiles de San Pedro La Laguna, San Juan La Laguna y Santiago Atitlán pintan al óleo sobre tela, a menudo mirando desde arriba un maizal, un mercado o una procesión: el estilo que llaman vista de pájaro. Viene de pintores como Rafael González y González y Juan Sisay, y hoy algunas familias de esos pueblos tienen apellidos que la gente busca. Una serigrafía o litografía hecha en tiraje es obra original, firmada y numerada a mano en el margen; un póster de la misma imagen no lo es, por bonito que sea el marco. Carlos Mérida es el nombre guatemalteco que más aparece en los dos. Las máscaras de madera pintada salen de las morerías de Chichicastenango y San Cristóbal Totonicapán, talleres que alquilan trajes para los bailes y también tallan máscaras para colgar. La fotografía, las impresiones en lienzo y la escultura en madera o piedra completan el resto.
Un cuadro para la pared, el cuarto y su luz:
el óleo y el acrílico aguantan una sala luminosa mucho mejor que cualquier obra en papel, que pide paspartú, vidrio y una pared donde nunca pegue el sol. La medida anunciada suele ser la de la tela sola: pide también la del marco. Un cuadro en su bastidor se cuelga tal cual; uno comprado enrollado en el lago hay que montarlo primero, y ese enmarcado pesa en el costo. Sobre un sillón, un lienzo grande compite con una pieza de espejos: el espejo devuelve la luz del cuarto, la pintura necesita luz propia, mejor de una lámpara de iluminación que de la ventana. En el lago, un original pequeño sale desde unos Q50 y los lienzos grandes de pintores reconocidos llegan a unos Q2,000. Uno usado de mano desconocida debería quedar bastante por debajo de ese techo, y un buen marco explica parte del precio.
Óleos craquelados, papel manchado y máscaras que nunca se bailaron:
voltea cada pieza antes de cerrar el precio. En una tela, busca parches, rasgaduras y manchas de agua atrás, pintura que se levanta en las grietas adelante y tela floja en el bastidor. Los estilos del lago que más gustan los repintan otras manos, así que una firma que no puedes ligar a ningún pintor vuelve la pieza decoración, con precio de decoración. En papel, los puntitos cafés y la línea amarilla donde un paspartú viejo tocó la hoja ya no se quitan. Un grabado debe llevar en el margen firma a lápiz y un número como 45/100, o P/A si es prueba de artista. Una firma impresa dentro de la imagen, sin nada a lápiz debajo, es de una reproducción, y con lupa se ve la trama de puntitos de una impresión offset frente a las capas planas de tinta de una serigrafía de verdad. Una máscara bailada vale más que una tallada para la pared, y se nota: desgaste y manchas de sudor por dentro, donde tocaba la cara, capas de pintura sobre otras y a veces las iniciales de la morería atrás. Una envejecida para decorar está oscura pareja por todos lados, con los bordes de los ojos limpios.
El cuadro, su respaldo y su firma en las fotos:
anota la medida de la tela con y sin marco, la técnica, el pintor y su pueblo, y dónde lo compraste; si es grabado, el número de tiraje y si la firma es a lápiz. Fotografía el frente de frente con luz de día, sin vidrio o en ángulo para evitar reflejos, luego la firma de cerca y todo el respaldo, y cuenta los daños antes de que los encuentre el comprador. Quien venga desde Xela va a preguntar si la pieza puede viajar enrollada: un óleo seco sí, con la pintura hacia afuera alrededor de un tubo ancho; un grabado enmarcado con vidrio no. Mucho de este arte sale de casas de familia o de gente que deja el país con más cuadros del lago que maletas, y un lote con cada pieza medida y fotografiada aparte se evalúa mucho mejor que una sola foto de grupo.