Alfombras

Compra y vende alfombras en Guatemala.

Si buscas alfombras en Guatemala en plena Cuaresma te salen las de aserrín que se hacen en la calle para una procesión; estas son las que se quedan en el piso todo el año. Van desde las de lana tejidas en telar de pie en Momostenango, tupidas en las aguas termales del pueblo, hasta las de máquina para la sala, los pasillos lavables, las de yute y sisal y los tapetes para la orilla de la cama o la ducha, nuevas y usadas. Antes de escribirle al vendedor, ten a mano el largo y el ancho del espacio y fíjate si tu piso es cerámico o de madera.

Una alfombra a la medida del sofá, no del cuarto:

se ve bien cuando por lo menos las patas delanteras del sofá y los sillones quedan encima, así que mide el juego de sala y no el piso. Casi todas son de máquina, de polipropileno o poliéster: de pelo corto, fácil de barrer y aspirar, o shaggy, suave pero que guarda cada migaja. Las delgadas estampadas que se venden como lavables caben en la lavadora, algo útil si hay patojos o perro, aunque en piso cerámico se resbalan sin malla antideslizante. Los pasillos hacen lo mismo en el corredor o la cocina. El yute y el sisal aguantan el paso, pero el agua les deja una aureola café para siempre: mejor lejos de la puerta del patio. Junto a una puerta corrediza soleada, cualquier alfombra se destiñe donde pega el sol, así que conviene resolver las cortinas y persianas antes de escoger el color.

La lana de Momostenango y las aguas termales que la tupen:

las alfombras y chamarras de Momostenango se tejen en telar de pie con lana de oveja de la zona y luego se remojan en las aguas termales de las afueras, que encogen y engruesan la tela. Ese abatanado las deja tupidas y calientes, y es también la razón para no meter nunca una a la lavadora ni en agua caliente: se sigue encogiendo, y dispareja. Aprieta un trapo blanco húmedo sobre el color más oscuro: si se mancha, va a desteñir al mojarse. Con la misma lana se hacen fundas que se anuncian en cojines y almohadas.

Alfombras de casas donde cae la ceniza del Fuego:

la ceniza volcánica es arenilla filosa, no hollín, y en Alotenango, Yepocapa o adonde la lleve el viento se mete al fondo del pelo, donde cada pisada la restriega contra la fibra. Una shaggy de una casa con ceniza puede verse apelmazada y opaca antes de tiempo; las de tejido plano y pelo corto se sacuden fácil. En una usada, abre el pelo con los dedos: arenilla gris en la base quiere decir que ya la pisaron, y tallarla mojada solo la vuelve pasta.

Alfombras de máquina para la sala y cuánto conservan de su precio:

una de máquina para el juego de sala cuesta nueva desde unos pocos cientos de quetzales si es delgada y lavable hasta unos Q3,000 o Q4,000 si es un jacquard tejido y tupido. Usadas, las sintéticas bajan rápido porque el desgaste no se quita: un camino aplastado de la puerta al sofá, una mancha que la limpieza solo extendió. La lana tejida a mano va al revés: una de Momostenango limpia y de colores vivos conserva mucho más de lo que su edad haría pensar.

Respaldo de látex, flecos gastados y un olor que sale con el calor:

dale vuelta a una alfombra de mechón: sus mechones los sostiene un respaldo de látex que se reseca, y cuando suelta polvillo o se cuartea donde la doblaron, los mechones se van detrás. En una de tejido plano o tejida a mano, los flecos son las puntas de la urdimbre, así que un fleco gastado al ras deja que el tejido se deshaga desde la orilla. Y pregunta por mascotas: los orines atraviesan hasta el respaldo, y el olor regresa cada vez que la alfombra se humedece o le pega el sol.

Una alfombra fotografiada desde arriba, y también por el revés:

tómale la foto extendida, con luz de día y desde una silla, para que salga derecha y con sus colores reales; luego agrega el revés, las dos puntas y cualquier mancha que conozcas. Da el largo y el ancho sin flecos, la fibra, el tipo de pelo y si vivió con mascotas o fumadores; si es tejida a mano, dónde la hicieron. Viaja enrollada, nunca doblada. Muchas salen cuando alguien deja una casa en Santa Catarina Pinula por un apartamento donde la de la sala ya no cabe. Quien llegue por ella debería desenrollarla en el piso del vendedor y caminarla descalzo: la arenilla, una parte húmeda o un respaldo que se desmorona se sienten antes de verse en una foto.