Surf

Compra y vende tablas de surf y bodyboards en Guatemala.

El Pacífico guatemalteco recibe de frente los swells largos del sur, y las olas revientan fuertes, rápidas y huecas sobre la arena negra, tan cerca de la orilla que más de una tabla sale quebrada. Eso define qué vale la pena tener: shortboards y longboards que aguanten golpes, softboards para aprender, bodyboards con un núcleo que no se ablande en un mar así de tibio, y leash, quillas y parafina, nuevos o ya surfeados. De Tilapa a las escolleras de Puerto San José, una tabla reparada es lo normal. La que trae una reparación que nadie menciona es la que conviene dejar pasar.

Tablas de surf de PU, de epoxi y softboards:

en esta costa pesa más el material que el logo. La clásica, la de casi todas las shortboards de Channel Islands o Lost, es un núcleo de poliuretano laminado con resina de poliéster. Va más hundida y agarra el canto en una pared parada y hueca como las de Iztapa, pero se abolla fácil y un cierre pesado la parte en dos. El epoxi sobre núcleo de EPS, el que hicieron conocido Firewire y Torq, es más liviano, flota más y aguanta mejor los golpes de la orilla, a cambio de un andar más tieso y saltón con el mar picado. Las softboards de Catch Surf o Wavestorm llevan cubierta de espuma sobre base de plástico liso: son para aprender y sirven de repuesto los días en que la orilla se come las tablas. Sea cual sea la construcción, elige por volumen y grosor, no solo por el largo. Las quillas Futures no entran en cajas FCS, y las FCS II no calzan en el FCS viejo de dos tapones, así que las quillas que vienen con una tabla deben ser de su sistema.

Bodyboards y el núcleo para agua tibia:

el bodyboard, o boogie, va bien con olas que revientan rápido y pegadas a la arena, y aquí manda el núcleo. El polietileno, que se vende como PE o dow, flexiona muy bien en agua fría pero se ablanda en un mar tan tibio como el Pacífico guatemalteco. El polipropileno, o PP, mantiene la rigidez y no absorbe agua, y es el que conviene aquí. Los núcleos baratos de EPS en bolitas se abollan y se quiebran. Usa aletas cortas de bodyboard, no las largas de buceo y snorkel.

Leash, parafina tropical y una licra en vez de neopreno:

un leash más o menos del largo de la tabla, de cordón grueso para los días pesados y con un giratorio que dé vuelta suelto, evita que una tabla suelta le pegue al de al lado. La parafina se gradúa por temperatura del agua y aquí solo la tropical se mantiene firme. En un agua así de tibia, basta una licra de manga larga contra el sol y el roce. Los días sin olas, una tabla de paddle surf con forma de surf todavía agarra las chiquitas.

Una tabla de surf quebrada o con agua adentro:

es el riesgo de comprar usada en esta costa. Busca en cubierta y base una franja de fibra nueva de canto a canto, un alma de madera que no cuadra a cada lado, o pintura en aerosol sobre un solo tramo. Cada una dice que se quebró y la pegaron, y una tabla pegada vale una fracción de una entera. Levántala: si pesa más de lo que aparenta, o suelta agua por una grieta tras un rato al sol, tiene agua adentro. En una de epoxi pregunta con qué la repararon, porque la resina de poliéster derrite el EPS. Una tabla de PU hecha a mano suele llevar las medidas y la firma del shaper escritas sobre el núcleo, bajo la fibra; un logo caro sin esas marcas merece una pregunta. Las softboards fallan en la cubierta, que se despega de los cantos. Los bodyboards fallan en la base, que se arruga o se levanta en la punta, y un núcleo con agua la suelta al apretarlo cerca de una grieta.

La historia de reparaciones de una tabla, contada antes de venderla:

es lo que la vende rápido. Pon en el título las medidas y el volumen, luego la construcción, el sistema de quillas y lo que va incluido. Quítale la parafina vieja y fotografía con luz de día cubierta, base, cantos, punta, cola y cada reparación. Si alguna vez se quebró, dilo y di quién la pegó: el comprador va a ver la franja de fibra nueva igual, y descubrirla en la arena termina la plática. Muchas tablas en esta costa son de surfistas que terminan una temporada larga y prefieren no subirlas al avión; si es tu caso, pon en el anuncio tu último día en la playa, para que el comprador sepa cuánto tiempo tiene para llegar a verla.