Pokémon
Compra y vende cartas Pokémon en Guatemala.
Las cartas Pokémon suelen entrar a una casa guatemalteca en una lata: unos sobres sellados y una carta promo dentro de una caja de metal con Pikachu o Charizard en la tapa, que en la tienda aparece en el mismo estante en español y en inglés. Cambian de manos nuevas y usadas, desde latas todavía en su plástico hasta el fólder de cartas jugadas de un patojo y alguna caja de zapatos con cartas de Wizards of the Coast guardadas desde que el juego llegó. Cada cosa se revisa distinto, y el idioma impreso en la carta pesa más de lo que muchos vendedores creen.
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Cómo llegan las cartas Pokémon a una casa en Guatemala:
casi siempre como regalo, luego como costumbre y de vez en cuando como herencia. La lata o mini lata sellada es el regalo: sobres por abrir, una carta promo a la vista y una caja de metal que dura más que ellos. Una colección jugada es de donde suele salir el primer mazo de un jugador nuevo, porque un fólder de comunes, entrenadores y energías ahorra meses de abrir sobres, y un mazo ya armado hace lo mismo para quien prefiere aprender las reglas con una lista fija. Las cartas que imprimió Wizards of the Coast en los años en que llegó el juego son el lado del coleccionista y se revisan una por una. Una carta de Magic: The Gathering o de Yu-Gi-Oh! metida en la pila conviene publicarla aparte y no dentro del lote de Pokémon, y un Pikachu para abrazar va con los peluches.
Cartas Pokémon en español o en inglés:
las mismas latas y sobres llegan a los estantes de Guatemala en los dos idiomas, así que la decisión aparece desde la primera compra. Para un patojo que todavía está aprendiendo a leer ataques y habilidades, el español es lo lógico, y en la mesa la carta juega igual que su gemela en inglés. Para quien guarda una carta cotizada pensando en revenderla, la impresión en inglés es la que más buscan los coleccionistas. Separa por idioma antes de armar un lote: un fólder mitad y mitad cuesta más cotizarlo y es incómodo para sacar un mazo de ahí.
Mini latas, latas grandes y una lata de Pokémon ya abierta:
el precio lo ponen los sobres de adentro. Una mini lata con dos sobres anda por los Q140 nueva, y una lata grande con cuatro o cinco sobres y una carta promo, entre Q250 y Q300. Sin el plástico, la caja de metal casi no vale nada sola y la promo, impresa por montones, rara vez suma mucho, así que una lata abierta se cotiza por lo que salió de ella. La carta de código de cada sobre corre la misma suerte: una vez canjeada en la app Pokémon TCG Live ya no sirve, así que no le suma nada a una lata abierta.
Raras con textura, sellos de primera edición y hojas de plástico viejas:
son las que ponen a prueba una colección usada. Una full art o una special illustration rare de las expansiones recientes tiene un relieve que se siente con la yema del dedo; una lisa, muy brillante y de colores un poco demasiado vivos es la falsificación de siempre. En las cartas de la era Wizards, busca debajo de la esquina inferior izquierda del dibujo el sello pequeño de primera edición, y en las del Base Set más antiguo fíjate si el marco del dibujo proyecta sombra a la derecha: la impresión sin sombra, la shadowless, salió primero. Hay quien le agrega el sello a cartas que nunca lo tuvieron, así que compara nitidez y posición con una original de la misma expansión antes de pagar precio de primera edición. Las cartas que pasaron años en hojas de plástico barato y brillante pueden salir pegajosas o pegadas al bolsillo, y eso las baja a jugadas aunque el frente se vea limpio.
El fólder de un patojo que pasa a otro entrenador:
se vende mejor cuando ya salieron de él las cartas que importan. Aparta las ex, las raras con textura y todo lo que lleve la línea de copyright de Wizards of the Coast, fotografía cada una por delante y por detrás, y deja el resto como un solo paquete, con la cantidad de cartas y el idioma en el título. Aclara si se jugaron con protector o sueltas. Antes de publicar, pregúntale al patojo cuáles se queda: un fólder que llega a la entrega sin su Gengar favorito es un trato que se vuelve a negociar en la puerta. Quien venga desde Sololá por un fólder para su propio hijo lo va a revisar página por página contra tus fotos, así que deja las cartas en sus bolsillos, en el orden en que las fotografiaste.