Drones
Compra y vende drones en Guatemala.
Drones plegables de DJI con cámara, cuadricópteros FPV que se vuelan con lentes de video, y las baterías, hélices y controles que los mantienen en el aire, nuevos y usados. Sobre el lago de Atitlán o los techos de Antigua, un dron se paga con las tomas que saca, y en un trato justo todo se resuelve con tres datos: cuánto ha volado, si ha tenido algún choque y qué trae la mochila. También aparecen drones de fumigación y de mapeo para el campo, que son una compra muy distinta.
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Drones con cámara, cuadricópteros FPV y drones agrícolas:
tres máquinas que comparten las hélices y poco más. Un dron con cámara como un DJI Mini, Air o Mavic se dobla para caber en la mochila, se sostiene en su sitio con GPS, mantiene el horizonte recto con un gimbal y regresa solo si pierde la señal. Un FPV se vuela con lentes de video, muchas veces sin nada que lo sostenga quieto, y está hecho para la velocidad, no para tomas tranquilas. El Avata de DJI queda a medio camino, y un FPV armado en casa es un conjunto donde cada pieza se cambia por separado. Muchos pilotos de FPV aprenden a manejar las palancas con un entrenador de espuma de aviones RC, donde un choque cuesta una hélice y no una cámara, y quien ya tiene un carro brushless de autos RC conoce el cuidado que piden las baterías LiPo de un FPV. Los drones de fumigación y de mapeo, ya probados sobre parcelas pequeñas en Zacapa y Totonicapán, son máquinas de trabajo de otra escala, y en uno usado pesan más las baterías y la aspersión que el propio dron.
El peso del dron frente a los vientos de los frentes fríos:
de noviembre a febrero los frentes fríos meten en la meseta central un viento del norte fuerte, y en los peores días las ráfagas en la capital y en Antigua superan lo que aguanta cualquier dron plegable con cámara. El Mini, más liviano, se rinde primero; un Air o un Mavic resiste más y trae tomas más firmes. Si usted vuela sobre todo en esos meses, compre el más pesado. El pequeño pesa menos en la mochila y es más fácil para quien empieza. La otra diferencia que cuenta es el sensor: uno grande conserva el detalle con la poca luz del amanecer sobre un lago, donde uno pequeño se llena de grano.
Drones de la gama Air, nuevos y de la generación anterior:
un DJI mediano de la gama Air anda por los Q10,000 a Q11,000 nuevo con el control básico. Lo que vale uno usado depende sobre todo de si su sucesor ya está a la venta. DJI renueva cada línea cada uno o dos años, y cuando el modelo nuevo llega a las tiendas, el comprador compara el anterior con ese y no con lo que costó al salir. Un gimbal o un brazo cambiados lo bajan más, aunque vuele bien, porque el comprador se queda con la reparación a ciegas. Un dron “4K” de unos cientos de quetzales es un juguete cuya cámara casi nunca cumple lo que dice la caja.
Gimbal, brazos e historial de vuelo en un dron usado:
enciéndalo sobre una superficie plana y observe la revisión de arranque del gimbal. Debe moverse suave y quedarse quieto, sin zumbidos, temblores ni aviso de sobrecarga en la app. Con la batería afuera, gire cada motor con la mano: si raspa o se siente disparejo, el eje está doblado o el rodamiento gastado. Revise cada brazo cerca del motor por si tiene fisuras. En DJI Fly, el historial de vuelos muestra cuánto ha volado y si algún vuelo terminó de golpe. Antes de pagar, confirme que ya lo quitaron de la cuenta del vendedor. En un FPV, busque fibra de carbono abierta donde los brazos se unen al cuerpo y pregunte qué sistema de video usa, analógico, DJI o Walksnail, porque los lentes tienen que ser compatibles.
Un dron que se ofrece con su historial de vuelo a la vista:
empiece por el control que lo acompaña, el sencillo donde se monta el celular o el que trae pantalla propia, porque cambia el precio. Indique cuántas baterías incluye, el tiempo de vuelo del historial y cualquier choque o reparación. En un FPV, agregue el tamaño del chasis, el sistema de video, el protocolo del receptor y si los lentes van en el trato. Fotografíe de cerca el lente de la cámara y el gimbal, y sume una captura del historial. Cargue todas las baterías antes de la cita: quien lo ve despegar, quedarse quieto en el aire y volver a aterrizar solo ha visto lo que ninguna foto enseña.