Limpieza & Hogar

Compra y vende equipos de limpieza en Guatemala.

En casi todas las casas guatemaltecas el piso es cerámico y la sala es de tela, así que la máquina de limpieza que más se usa no es la lavadora de alfombras sino el limpiador portátil de tapicería, para sillones, colchones y asientos de carro. A su lado están las aspiradoras de sólidos y líquidos para el patio inundado o el polvo de una obra, los trapeadores a vapor y las máquinas profesionales de inyección y extracción que los servicios de lavado de salas llevan a domicilio. Las hay nuevas y usadas; la profesional usada suele venir de alguien que vivía de lavar salas y cambió de equipo o de oficio.

Piso cerámico y sala de tela:

esa combinación decide qué máquina vale la pena tener. El limpiador portátil de manchas, y la Little Green de Bissell es la que casi todos se imaginan, rocía agua con solución dentro de un cojín, un colchón o el asiento del carro y la vuelve a chupar hacia un tanque aparte para el agua sucia. Las lavadoras de alfombras verticales hacen lo mismo en todo el piso y solo tienen sentido en un apartamento alfombrado de pared a pared o en una casa con alfombras grandes. Para el polvo de todos los días sobre cerámico, las verticales, las de mano y los robots están en aspiradoras. La aspiradora de sólidos y líquidos, ese tambo con ruedas que Kärcher vende como línea WD, es otra herramienta: se traga el agua del patio inundado, el polvo de yeso después de una obra o un vaso quebrado, y no rocía nada. El trapeador a vapor le quita la grasa al piso y a las sisas sin detergente, pero sobre tela no sirve.

Limpiador de casa o extractora profesional:

la diferencia está en cuánto y qué tan seguido trabaja. El de casa trae un tanque chico, una manguera corta y una bomba pensada para una tarde al mes; algunos modelos calientan el agua, y eso ayuda con la grasa de los brazos del sillón. Una máquina profesional de inyección y extracción tipo Puzzi de Kärcher, como las que usan los servicios de lavado de salas, saca mucha más agua de la tela, así que el cojín se seca antes y es menos probable que quede con aureola. Un limpiador de casa cuesta entre Q1,200 y Q2,000 nuevo, más o menos lo que salen cuatro o cinco visitas de un servicio de lavado de salas. Con niños pequeños o un perro que se sube al sillón se paga rápido; para una lavada al año, sale más barato contratar el servicio. Una profesional arranca arriba de Q10,000 nueva, y por eso vale la pena buscar las usadas de negocios que cerraron o cambiaron de equipo. Laves lo que laves, un ventilador apuntado al sillón acorta el secado; hay de pedestal y de piso en ventiladores.

Tanques, empaque y rociado en un limpiador de tapicería usado:

llena el tanque de agua limpia y pruébalo en una toalla antes de pagar. El rociado tiene que salir parejo apenas aprietas el gatillo. Si sale a saltos, puede ser solo la boquilla tapada; si no sale nunca, se fue la bomba. Después tapa la boquilla con la palma y siente cómo jala. Si la succión es débil, casi siempre es el empaque de hule bajo el tanque sucio, que se raja, o una grieta en la manguera, y las dos cosas se arreglan con poco si hay repuestos para ese modelo. Huele el tanque sucio: uno que se guardó con agua queda agrio para siempre. Busca también grietas finas alrededor del asa. Las copias sin marca de los modelos conocidos se ven casi iguales en fotos, así que pide ver la placa: para una máquina genérica es difícil conseguir tanques y empaques en Guatemala. En una profesional, pregunta qué lavaba y cada cuánto, y mira que el rociado aguante la presión varios minutos seguidos.

Anunciar una máquina que lavó salas para ganarse la vida:

dilo sin rodeos, porque quien está arrancando su propio negocio de lavado de salas busca justo esa historia. Pon marca y modelo, aclara si fue de uso en casa o de negocio y más o menos cada cuánto trabajaba, y anota todas las piezas que van con ella: boquilla de tapicería, boquilla para rincones, cepillo de piso, algún empaque de repuesto. Toma fotos de los dos tanques vacíos y limpios y de la manguera extendida. Ten a mano un cojín manchado o una alfombra de carro cuando venga alguien desde Huehuetenango o Chimaltenango a verla: va a querer ver cómo se pone café el agua del tanque sucio antes de subir la máquina al carro.