Abanicos

Compra y vende abanicos en Guatemala.

Bajo un techo de lámina, el calor de la tarde baja directo del metal, y en la mayoría de casas guatemaltecas la solución es un ventilador y no un aire acondicionado. Nuevos o usados, los hay de techo con lámpara para el dormitorio, de pedestal y de torre que se llevan de un cuarto a otro, de pared para encima del mostrador y los industriales de aspas metálicas que hacen aguantable el calor junto al comal de una tortillería. Aunque la categoría diga abanicos, casi todo el mundo pide un ventilador, y el tipo, el motor y que siga girando parejo pesan más que la marca de la rejilla.

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Techo de lámina, terraza de concreto y el ventilador que pide cada uno:

el techo decide más que la marca. La lámina se calienta a la hora de sol y se enfría rápido al oscurecer, así que en esas casas el ventilador trabaja más en la tarde, y uno de techo colgado de una costanera mueve el aire de todo el cuarto y no solo de una esquina. La terraza de concreto se carga de calor todo el día y lo suelta en la noche, y entonces el problema está en el dormitorio. Ahí vale más un ventilador de techo o de torre que se quede callado en la velocidad baja que uno que tire mucho aire. El de pedestal es el comodín barato: se inclina, oscila y la cabeza sale del tubo para llevarlo adonde haga falta. El de torre ocupa menos piso y hace menos ruido, pero su chorro angosto no llega lejos. Una torre con ionizador sigue siendo un ventilador; para el polvo y el humo, el filtro de verdad está en los purificadores de aire, y un cuarto donde no se puede dormir ni con el ventilador en alto ya pide uno de los equipos de aire acondicionado.

Ventiladores industriales y de pared en tortillerías, comedores y talleres:

son otra máquina. Aspas de metal, motor más pesado y rejilla de acero, hechos para trabajar todo el día junto al comal, en un taller mecánico o al fondo del salón de la iglesia. Los de pared dejan libre el piso detrás del mostrador, y por eso tantos comedores tienen uno en cada esquina. Para un dormitorio son demasiado ruidosos, y un Taurus, un Lasko o uno importado sin marca hacen el mismo trabajo sencillo.

Ventiladores de techo con lámpara e industriales de 30 pulgadas, en precio:

los dos caen en la misma parte del presupuesto. Uno de techo de 52 pulgadas con lámpara anda entre Q900 y Q1,300 nuevo, sin contar al electricista, y un Hunter queda bastante arriba; un industrial de pedestal de 30 pulgadas ronda los Q1,700 a Q1,800. Usados, cada uno va por su lado. El de techo pierde casi todo su valor al bajarlo, porque el comprador vuelve a pagar la instalación y casi nunca lo ve funcionar antes; si sigue colgado y el vendedor lo enciende delante de usted, vale más. El industrial aguanta mejor su precio, porque adentro hay poco que se arruine aparte del capacitor y los cojinetes.

Motores que zumban, aspas que bailan y oscilación trabada:

pruebe todas las velocidades antes de pagar. Si el motor zumba y no arranca, o gira igual de lento en todas, casi siempre es el capacitor: el repuesto es barato, pero cuéntelo en el precio. Si hay que darle un empujón para que arranque, o se va frenando al calentarse, los cojinetes están secos o gastados. Déjelo oscilar de un lado al otro, porque el engranaje de adentro es de plástico y se barre. En el de techo, fíjese si tambalea en alto y pida el control y su receptor, porque sin ellos algunos modelos ni encienden. Aspas rajadas o rejilla torcida en un industrial quieren decir que se cayó. La grasa de cocina en la carcasa se limpia; el olor a quemado del motor, no.

Lo que pregunta por un ventilador alguien de Coatepeque o Jutiapa:

cuánto ruido hace y qué tan lejos tiene que ir a traerlo. Grabe un video con sonido en cada velocidad y oscilando. Indique el diámetro de las aspas, cuántas velocidades tiene y si trae control. En uno de techo, diga si sigue instalado y si van el tubo y el kit de luz, porque un techo de lámina alto pide el tubo largo y un cielo bajo uno pegado al techo. Cuente también dónde trabajó: no es lo mismo un ventilador del cuarto de visitas que uno que pasó cada jornada junto al comal. El de pedestal viaja fácil con la cabeza fuera del tubo; envuelva el aspa aparte y aguanta el viaje en microbús desde Villa Nueva.