Lavado
Compra y vende equipos de lavado en Guatemala.
Donde el agua llega solo unas horas al día y la casa vive del tinaco, la lavadora de doble tina se gana su lugar: se llena con manguera o con una cubeta, lava en una tina y centrifuga en la otra mientras usted pasa la ropa a mano. En el otro extremo están las automáticas, que piden presión pareja, y las torres de lavado, pensadas para el clóset de lavandería de un apartamento donde no hay dónde tender. Junto a ellas van las secadoras sueltas, las planchas y los vaporizadores, nuevos o usados.
Doble tina, automática o torre de lavado:
la diferencia está en cuánto trabajo le dejan a usted. La semiautomática de doble tina lava en una tina y centrifuga en la otra; usted la llena, la vacía y pasa la ropa mojada de un lado al otro. La automática hace el ciclo completo sola, y la elección entre carga superior y frontal está en lavadoras. La torre pone una lavadora de carga frontal debajo de una secadora en un mismo mueble, así que una casa sin lazo para tender tiene las dos en el espacio de una. Las secadoras sueltas le sirven a quien ya tiene una lavadora de confianza, y las camisas y blusas que salen arrugadas de cualquiera de ellas son trabajo para las planchas y vaporizadores.
El agua por horas y el tinaco en el techo:
pesan más que la marca. Una automática necesita presión pareja en la llave para llenarse a tiempo. Si se alimenta de un tinaco que queda apenas arriba de ella, o de la cisterna cuando se va el agua de la calle, una digital puede llenarse tan despacio que se detiene a medio ciclo con un error de agua. Una bomba presurizadora en la tubería casi siempre lo resuelve. A la doble tina eso no le afecta: cuando cortan el agua, se llena con una cubeta de la que guardó. En un apartamento de la zona 10 el límite es el clóset. Mídalo con la puerta abierta y averigüe si la secadora pide toma de 220 V o conexión de gas, y si hay por dónde sacar el ducto.
Una doble tina frente a una torre, en quetzales:
una doble tina nueva cuesta alrededor de Q2,500, mientras que una torre va de unos Q10,000 a más de Q20,000. Una doble tina de segunda ahorra poco frente a ese precio nuevo, y una sola reparación del freno del centrifugado o de un sello que gotea puede comerse la diferencia. El ahorro de verdad está en una torre usada, siempre que funcionen las dos mitades: en una torre de una sola pieza la lavadora y la secadora comparten mueble y controles, y la mitad que falla no se cambia por separado.
La canasta de centrifugado, las perillas del timer y el tambor de la secadora:
dicen casi todo lo que vale una usada. En una doble tina, meta una toalla mojada en el centrifugado, arránquelo y levante la tapa: la canasta tiene que frenar en pocos segundos. Si sigue girando, se fue el freno o el switch de la tapa, que es justamente la protección. Gire las dos perillas del timer y escuche que vayan corriendo. Revise debajo de la tina de centrifugado si hay óxido o un rastro de agua, señal de un sello que gotea. En una torre, ponga la secadora diez minutos con calor y meta la mano: el tambor tiene que estar bien caliente y girar sin golpes. Un filtro de pelusa tapado por completo dice cómo la cuidaron. Después pase la lavadora por un enjuague y un centrifugado. Una torre que solo le enseñaron secando le mostró la mitad de lo que va a pagar.
Anunciar una doble tina o una torre de lavado:
ponga el tipo en la primera línea, semiautomática o automática, a gas o eléctrica, porque esas palabras deciden quién sigue leyendo. Dé marca y modelo de la placa y tome fotos de cada tina o tambor desde arriba, del panel encendido y de las mangueras o el ducto que van con ella. Quien viene desde Cobán o Jalapa pregunta si funciona antes que el precio, y un video corto del centrifugado y del tambor girando le contesta. Si es una torre, diga en qué piso está y si baja por ascensor o por gradas. De una pieza es más alta de lo que la gente calcula, y el comprador tiene que saber si trae dos ayudantes o cuatro.