Lavadoras

Compra y vende lavadoras en Guatemala.

En Guatemala la lavadora casi nunca trabaja sola. Suele quedar bajo el techo del lavadero, a la par de la pila, donde los cuellos y la ropa de fútbol llena de lodo se siguen tallando a mano antes de meterlos. Nueva o usada, la elección va casi siempre entre una de carga superior, con agitador al centro o con el plato bajo que Mabe llama infusor, y una de carga frontal o una lavasecadora. Tiendas y particulares anuncian la tina en libras de ropa seca y no en kilos, así que vea en qué unidad viene cada anuncio antes de comparar dos máquinas.

Agitador, infusor o carga frontal:

lo que mueve la ropa decide qué tan duro la trata la máquina. La de carga superior con agitador la retuerce alrededor de un poste alto en medio de la tina. Talla bien los pantalones de trabajo y los uniformes, pero gasta más agua, desgasta la tela y el poste le quita espacio a un edredón. Sin poste, un plato bajo en el fondo, el que Mabe vende como infusor, frota las prendas unas contra otras con menos agua. Es más suave y le cabe un edredón matrimonial, aunque llena hasta la tapa deja sucio en los dobleces. La de carga frontal voltea la ropa en poca agua y centrifuga con más fuerza y la ropa sale más seca. Pide detergente HE de poca espuma, y el empaque de hule de la puerta hay que dejarlo abierto para que se seque entre lavadas. La lavasecadora hace las dos cosas en el mismo tambor, pero seca una carga más chica de la que lava, y una tanda llena hay que partirla. Si solo le falta secar, vea las secadoras; para las camisas que bajan tiesas del lazo, las planchas y vaporizadores.

Las libras de la etiqueta y el lugar junto a la pila:

en Guatemala la capacidad se anuncia en libras de ropa seca. Las más chicas le alcanzan a una pareja; una casa que lava sábanas y toallas cada semana pide una de las grandes. Mida el hueco a la par de la pila, la altura bajo el techo del lavadero con la tapa abierta y cada puerta entre la calle y el patio. En una terraza a medio techar el panel recibe sol y lluvia de lado, y unas perillas sencillas lo aguantan mejor que un panel táctil, cuya tarjeta es la pieza más cara de cambiar.

Una lavadora mediana en quetzales, nueva y de segunda:

una de carga superior de 42 libras de Whirlpool, LG o Mabe anda entre Q3,500 y Q5,000 nueva, y una de carga frontal de unas 48 libras arranca cerca de Q5,000. Una de carga superior usada que completa un ciclo sin quejarse sale por unos Q800 a Q1,500. Se paga la vida que les queda a la transmisión y a la tarjeta, dos reparaciones que pueden costar más de lo que vale la máquina. La que se anuncia para reparar vale lo que den por su bomba, su motor y su panel como repuestos.

Rodamientos, switch de la tapa y base oxidada en una lavadora usada:

todo eso aparece en un programa corto visto hasta el final: pida verla conectada y con agua en la llave. Si llena y lava pero no desagua ni centrifuga, puede ser solo la bomba tapada o el switch de la tapa, arreglos baratos. Un rugido de molienda cuando el tambor agarra velocidad apunta a los rodamientos o a la transmisión, una reparación que en una máquina con años rara vez se paga. Una de carga superior que golpea el gabinete con unas pocas toallas adentro tiene gastadas las varillas de suspensión. Inclínela y vea la base: años de piso mojado junto a la pila oxidan el gabinete desde las patas. En una de carga frontal, doble el empaque de la puerta. El moho negro se limpia; un empaque rajado gotea al piso.

Sacar la lavadora del lavadero y subirla al picop del comprador:

resulta fácil cuando el anuncio contesta lo que el comprador vendría a preguntar cruzando la ciudad. Ponga en el título el tipo y la capacidad en libras, y después la marca, el número de modelo de la etiqueta bajo la tapa o atrás, y cuánto tiempo tiene de uso. Fotografíe la tina vacía desde arriba, el panel encendido y la base del gabinete, y agregue un video corto del centrifugado. Diga si está en un segundo nivel y si las gradas son angostas: quien viene desde Zacapa llega con un picop y un ayudante, y quiere saber si con eso le alcanza. Si todavía guarda los pernos de transporte que trababan el tambor de una frontal cuando era nueva, inclúyalos: evitan que el tambor se vaya golpeando en la palangana.