Faldas
Compra y vende faldas en Guatemala.
En buena parte del altiplano la falda de todos los días no se compra por talla: el corte es un largo de tela de telar que se envuelve en la cadera, se sostiene con faja y se cobra por vara. Junto a él están las faldas de tablas, evasé y de tubo de centro comercial, nuevas con etiqueta o usadas porque alguien cambió de talla o de trabajo. En un corte la calidad está en el hilo y el tejido; en una falda de tienda, en la pretina. Pide fotos de cerca de eso antes de quedar para verse.
Lo que le da forma a una falda:
pesa más la hechura que el largo. La de tubo baja recta de la cadera a la rodilla y necesita abertura atrás para caminar. La evasé, o en A, se abre desde la cintura y es la más fácil de acertar, porque solo la pretina tiene que coincidir con la tuya. Las de tablas y las plisadas cuelgan de pliegues cosidos a la pretina. La cruzada se amarra, así que perdona una talla para arriba o para abajo. Una mini de mezclilla envejece como unos jeans, y una falda cosida a un cuerpo ya va con los vestidos.
El corte, medido en varas:
no tiene talla porque nunca se entalla. Es tela de telar de pie, muchas veces dos lienzos unidos por una costura decorativa, la randa; se envuelve en la cadera, se sostiene con la faja y lo que sobra se enrolla o se frunce en la cintura. Salcajá es conocido por el jaspe, hilos amarrados y teñidos antes de tejer para que el dibujo salga con las orillas difuminadas; Chichicastenango y Nahualá, por los cortes de añil oscuro con randa ancha. El corte se lleva con huipil, y esos están en blusas.
El hilo y el precio de un corte:
uno entero de ocho varas, casi siete metros a unos 84 centímetros la vara, de taller, anda entre Q800 y Q1,000: el de hilo alemán queda abajo y los de hilo más fino, como el de cristal, arriba. Una falda de marca de centro comercial ronda los Q250 a Q400 nueva y pierde buena parte de eso con la primera puesta. El corte aguanta mucho mejor de segunda mano: sin talla que cuadrar, ocho varas completas le sirven a cualquiera, y hasta uno desteñido se busca como tela para bolsas y cojines. Uno que ya se recortó solo envuelve una cintura delgada, y el precio tiene que bajar con él.
Donde una falda usada se vence primero:
en la pretina. Revisa el gancho de arriba del zíper y la costura donde la pretina se une a la falda, donde más jala una cintura entallada. Estira un elástico y suéltalo; si queda ondulado o cruje, el hule ya se venció. Las tablas de poliéster van fijadas con calor y aguantan la lavada; las de algodón o viscosa hay que plancharlas cada vez, y si en la foto se ven lacias, puestas también. La cuerina es una capa de poliuretano que se descascara con los años aunque casi no se haya usado; pellízcala en las costuras y busca grietas.
Un corte usado, extendido de punta a punta:
desdóblalo completo antes que nada. El jaspe tejido lleva el dibujo en el hilo y se lee por las dos caras; los cortes estampados sobre hilo sintético se ven pálidos por el revés. Uno estampado es buena compra si se cobra y se anuncia como estampado. Revisa que la randa no tenga puntadas rotas y las orillas donde roza la faja, y mide el largo para contar las varas. Hay jaspe negro que se tiñe para que destiña en las primeras lavadas y quede azul profundo con el blanco intacto, y las tejedoras lo cobran más caro: un corte que se volvió azul oscuro no está arruinado.
Una falda tendida y un corte extendido para las fotos:
mide la cintura de la falda de lado a lado y multiplícala por dos, da la cadera, el largo y la talla de la etiqueta, y toma una foto de la pretina por dentro. Para un corte, di cuántas varas tiene, el hilo y dónde se tejió si lo sabes, muestra la tela extendida con la randa y el revés a la vista, y aclara si ya se recortó o si es estampado. Quien venga desde Huehuetenango por un corte va a preguntar si la faja va incluida, porque conseguir una que le quede a la tela es otro mandado.