Guitarras
Compra y vende guitarras en Guatemala.
Una guitarra de taller de Totonicapán, de pino y con acabado de laca, puede salir en la misma búsqueda que una clásica Yamaha, una eléctrica Cort o Fender, una electroacústica para tocar en vivo o un bajo de cinco cuerdas. También aparecen requintos y algún bajo sexto. Todo se anuncia nuevo y usado, muchas veces con el estuche, la correa y el amplificador de práctica con que se compró. Antes de cerrar trato, toca unos acordes cerca del cuerpo y no solo en los primeros trastes: ahí es donde se delatan un brazo cansado o unos trastes gastados.
Clásicas, acústicas de acero, eléctricas, bajos y requintos:
cada una se arma alrededor de sus cuerdas. La clásica lleva nylon en un brazo ancho y plano, y es el comienzo más amable para las yemas de quien empieza. La acústica de cuerdas de acero suena más fuerte y brillante, y la electroacústica es cualquiera de las dos con pastilla y preamplificador para conectarla a un equipo de sonido. Las eléctricas de Fender, Squier, Yamaha, Ibanez o Epiphone casi no suenan solas y necesitan amplificador. Los bajos vienen de cuatro o de cinco cuerdas. Al lado van dos instrumentos latinos: el requinto, la guitarra más pequeña y aguda que hace los punteos de un trío romántico, y el bajo sexto de doce cuerdas que acompaña al acordeón de botones norteño que encuentras en acordeones.
Una guitarra de taller de Totonicapán o una de fábrica:
es una decisión real en Guatemala. Los talleres del altiplano, Totonicapán el más conocido, hacen guitarras a mano, muchas de pino y laqueadas, y las hay desde instrumentos que un músico conserva por años hasta piezas para colgar en la pared. Júzgala igual que a una de fábrica: las cuerdas deben ir lo bastante bajas sobre los trastes para pisarlas sin esfuerzo, y la nota pisada en el traste doce debe coincidir con el armónico en ese mismo punto. En cualquier acústica, lo que más pesa es la tapa. Una tapa sólida de cedro o abeto se abre con el uso; una laminada aguanta mejor los golpes y cuesta menos. Mira el borde de la boca: si se ven capas, es laminada, diga lo que diga el anuncio. Y si vas a tocar con grupo o junto a un equipo DJ en un evento, una electroacústica te ahorra el micrófono.
Una eléctrica de inicio y una clásica de estudiante:
están en los dos extremos de lo que casi todos gastan. Una clásica de estudiante de marcas como Valenciana o Yamaha arranca en unos cientos de quetzales, mientras una eléctrica de entrada de Cort, la línea Pacifica de Yamaha o Squier anda entre Q2,000 y Q3,000 nueva, sin contar el amplificador que necesita. Usada, esa misma eléctrica con un amplificador pequeño suele salir entre Q1,000 y Q1,500, porque el mismo modelo siempre se consigue nuevo y la de segunda tiene que bajar con claridad; una calibración reciente, cuerdas nuevas y la funda incluida suben la cifra. Las clásicas más baratas casi no se revenden, porque nuevas cuestan poco; las que sí guardan su valor usadas son las acústicas de tapa sólida y las eléctricas de mejor nivel.
El brazo, los trastes y el puente de una guitarra usada:
son donde se acumula el desgaste. Mira a lo largo del brazo desde el clavijero: una curva leve y pareja es normal, una torcedura o una joroba no. Busca surcos debajo de los primeros trastes, y en una acústica fíjate en el puente: si el borde de atrás se está levantando o la tapa se abomba detrás de él, la guitarra necesita un lutier antes que un nuevo dueño. En una eléctrica, conéctala, gira cada perilla, mueve el selector de pastillas y menea el cable en el jack: si cruje, hay potenciómetros sucios o un conector flojo, arreglos baratos pero arreglos al fin. Un alma (tensor) con la tuerca barrida o apretada hasta el tope deja un brazo que nadie puede ajustar.
Marca, modelo, tapa y cuerdas en el anuncio de una guitarra:
son lo que un guitarrista busca en el título, así que ponlos los cuatro ahí, con la tapa descrita tal como es, sólida o laminada. Fotografía el clavijero por delante y por detrás, la etiqueta que se ve por la boca o la placa con el número de serie, los trastes de cerca, el puente de lado y cualquier golpe, y di cuándo le hicieron la última calibración. Si van el estuche o el amplificador, muéstralos en una foto. Quien baja desde Quetzaltenango a probar tu guitarra va a querer afinarla y tocarla arriba en el brazo, así que tenla afinada antes de que llegue, y con cable y amplificador listos si es eléctrica.