Audio
Compra y vende bocinas, mezcladoras y audífonos en Guatemala.
En Guatemala hay decenas de miles de iglesias evangélicas pequeñas, y muchas celebran el culto con el mismo equipo: dos bocinas activas en sus parales, una mezcladora pequeña y unos cuantos micrófonos. Ese sonido después sale a trabajar en fiestas de quince años y ferias patronales. A su lado está el audio de uso personal, nuevo y usado: bocinas Bluetooth JBL y Sony, audífonos inalámbricos y de diadema, y los audífonos USB con micrófono que aguantan todo un turno de call center. Sea cual sea la pieza, oírla sonar fuerte dice más que cualquier foto.
El equipo de sonido detrás de un culto:
se compra como conjunto. Una bocina activa de Behringer, Yamaha, la línea EON de JBL o QSC trae su propio amplificador y aguanta horas sobre un paral; una pasiva se ve casi igual, pero necesita un amplificador aparte, y esa diferencia confunde a más de un comprador de un par usado. Una mezcladora analógica compacta de Yamaha o Behringer alcanza para un culto con pocas voces y un teclado. Las bocinas Bluetooth y los minicomponentes con karaoke tienen su lugar en bocinas, los audífonos inalámbricos y los USB de call center en audífonos, y la barra de sonido va con la tele, en televisión y cine.
La potencia PMPO y la bocina de 12 pulgadas para la voz:
la cifra más grande de la caja es la menos confiable. Las bocinas de fiesta baratas anuncian miles de watts PMPO, mientras que la potencia RMS, la continua, puede quedarse en unas decenas: compare RMS con RMS, o compare marcas. Un cono grande tampoco garantiza buen bajo: un woofer barato de 15 pulgadas en una caja delgada retumba y ensucia el sonido, y para la voz, que es casi todo lo que pide un culto o una reunión, una buena bocina de 12 pulgadas sobre paral se oye más clara. En los micrófonos inalámbricos, un juego barato fijo en una sola frecuencia no tiene a dónde moverse cuando agarra interferencia; uno que deja cambiar de canal se defiende mucho mejor.
Lo que separa una Behringer de una QSC:
una bocina activa de 15 pulgadas de una marca de entrada como Behringer anda por los Q3,000 nueva, y una de gama profesional de QSC va de unos Q6,000 a Q9,000, y un salón necesita un par de cualquiera de ellas. La diferencia paga un amplificador con potencia real, protecciones que evitan que se queme en una noche larga y una caja que una sola persona sube al paral. Se nota otra vez al revender: una QSC o una Yamaha usada conserva mucho más de su precio que una de marca económica.
Una bocina activa que ha trabajado cada fin de semana:
merece una prueba en serio. Ponga algo con mucho bajo a volumen bajo y acerque el oído al cono: si raspa, la bobina roza o la suspensión está rota. Después déjela sonar fuerte un buen rato. Si se apaga y vuelve, el amplificador se está calentando, y eso sale más caro de arreglar que un woofer nuevo. Revise la base del paral y las esquinas de la caja por rajaduras de tanto subirla y bajarla del carro.
Un SM58 original frente a una copia, y la prueba de la mezcladora:
el SM58 de Shure es el micrófono de voz más copiado, y el falso se delata en la mano: el original es macizo y pesado para su tamaño, la copia bastante más liviana, y al lado de uno legítimo suena claramente peor. En una mezcladora, mueva cada fader y gire cada perilla con un micrófono abierto. Si raspa al moverlo suele ser suciedad, que muchas veces se quita con limpiador de contactos; si se corta del todo en un punto, la pista está gastada. En un juego inalámbrico, abra el compartimiento de baterías de cada micrófono y busque sulfato de pilas derramadas, y luego aléjese del receptor mientras alguien habla, atento a los cortes.
Un anuncio de bocinas o mezcladoras que valga el viaje:
trae el modelo exacto y la potencia RMS de la etiqueta de atrás, no la de la caja, y dice con franqueza dónde ha trabajado: en una sala, en una iglesia cada domingo o en alquileres de fin de semana. Fotografíe el panel trasero con sus entradas, la rejilla y, si es un juego inalámbrico, la etiqueta del receptor donde aparece su banda de frecuencia. Parales, cables y forros acolchados suben de verdad el valor, así que menciónelos. Las cajas de 15 pulgadas pesan y estorban, y un comprador de Chimaltenango o Mazatenango bien puede llegar en pickup: diga si ayuda a cargarlas y escoja un lugar donde las dos bocinas se puedan poner a todo volumen antes de que se mueva un solo quetzal.