Barbacoas
Compra y vende barbacoas en Guatemala.
En Guatemala la barbacoa se llama churrasquera, y se compra pensando en el churrasco del fin de semana: carne asada, longaniza, cebollines a la brasa y su chirmol. Se compran y venden nuevas y usadas las de carbón, redondas o de barril, las de gas de varios quemadores, las planchas para el patio y uno que otro kamado de cerámica, junto con parrillas, fundas y juegos de utensilios. Muchos edificios nuevos de la capital traen churrasqueras compartidas en la azotea, así que una churrasquera grande con ruedas suele salir a la venta cuando una familia deja la casa por un apartamento, y una de mesa cabe en casi cualquier balcón.
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De la churrasquera de mesa al kamado:
el tamaño y el combustible las ordenan. Una de carbón portátil, de patas cortas, sirve para el balcón o para un paseo al río. Las de ruedas, redondas al estilo Weber o de medio barril como las de Char-Broil, alcanzan para toda la familia y tienen tapadera para los cortes que piden más tiempo. Las de gas, de varios quemadores, encienden con un botón y mantienen el calor parejo: son las de entre semana. La plancha de gas, el comal grande que hizo famoso Blackstone, sirve para huevos, tortillas y carne picada que se caería entre las varillas. El kamado es un huevo de cerámica gruesa que guarda el calor por horas con poco carbón, y pesa más o menos lo que una persona adulta. Mide la terraza para la churrasquera y una mesa de muebles de exterior al mismo tiempo, y déjala lejos del vinil de lo que venga de piscinas.
El humo del carbón o el mismo tambo de la cocina:
en casi todas las cocinas de pueblos y ciudades se cocina con gas propano, y la churrasquera de gas usa ese mismo cilindro, con regulador de baja presión y manguera. El gas gana en rapidez y en limpieza. El carbón gana en precio y en esa costra ahumada por la que se juzga un churrasco; en una azotea compartida, fíjate antes hacia dónde se va el humo. Lo que decide cuánto dura es el metal. Las ollas con esmalte de porcelana y las cámaras de aluminio fundido aguantan años de fuego y grasa, mientras que la lámina delgada pintada se oxida por dentro, donde la ceniza húmeda se queda después de cada churrasco.
En qué se va el dinero de una churrasquera:
una de carbón con ruedas o una de gas de dos quemadores, de las sencillas, arranca en unos Q1,000 nueva, y una plancha Blackstone grande llega a cerca de Q6,000. Las baratas pierden su valor rápido una vez usadas: una cámara picada por el óxido no tiene arreglo y los quemadores de una churrasquera sin marca casi no se encuentran, así que se cambia en vez de repararse. Una redonda esmaltada, las parrillas de hierro fundido o una plancha que sigue bien plana conservan mucho más de su precio, porque esas piezas duran años más que la pintura.
Debajo de la parrilla de una churrasquera usada:
está lo que importa: quítala. En una de carbón, revisa el fondo de la olla y el cenicero por agujeritos u óxido que se descascara, y que las ventilas giren. En una de gas, saca las tapas que cubren los quemadores: si se deshacen, los quemadores de abajo van por el mismo camino. Ya encendida, cada quemador debe dar una llama azul pareja de punta a punta; una llama amarilla y floja o un tramo apagado suele ser óxido, o arañas anidadas en un tubo que pasó meses sin uso. Pasa agua con jabón por las uniones de la manguera y el regulador con el gas abierto, y si salen burbujas, mejor no. A una plancha con óxido superficial se le puede lijar y volver a curar; una con la lámina torcida, que baila sobre la base, ya no. En un kamado, pasa la mano por la cerámica buscando rajaduras finas y revisa el empaque de fieltro donde cierra la tapadera.
El anuncio de churrasquera que se adelanta al comprador:
di si es de carbón o de gas, cuántos quemadores tiene, la medida de la parrilla y cuánto tiempo la has usado. Toma fotos con la tapadera abierta y sin las parrillas, y si es de gas, una encendida: una llama azul convence más que un párrafo. Saca la ceniza y raspa las parrillas antes de que llegue el comprador, porque una cámara limpia enseña que el metal está sano. Pon las medidas por fuera: una de ruedas armada casi nunca cabe en un carro pequeño y un kamado pide pickup y dos personas. Y di qué va incluido. Lo más seguro es que el comprador ya tenga tambo en la cocina, pero va a preguntar por el regulador y la manguera.