Artículos De Oficina
Compra y vende artículos de oficina en Guatemala.
Pocas oficinas en Guatemala pasan la mañana sin echar mano del sello, y aquí tienen su lugar el sello automático, el fechador y el sello de bolsillo que carga el médico o el contador, junto a la sumadora que imprime su propia cinta. Nuevo o usado, lo demás es con lo que funciona un escritorio: ampos y folders, engrapadoras y perforadores, cajas de papel bond y calculadoras que casi no se usaron. Mucho de esto aparece cuando cierra un despacho o se muda un negocio, a menudo en un solo lote, así que pregunte qué trae la caja antes de quedar para recogerla.
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Sellos automáticos, fechadores y el sello de bolsillo:
pocas cosas son tan guatemaltecas en una oficina como el sello. El automático se entinta solo con la almohadilla que lleva dentro cada vez que se presiona, y casi todos son Trodat o Colop. El de bolsillo se cierra en su propio estuche, y por eso médicos, abogados e ingenieros lo andan encima para sellar papeles lejos del escritorio. El fechador marca la fecha con bandas que se giran, y el numerador avanza un número con cada golpe. Para escoger, fíjese en el tamaño de la placa de texto, que decide cuántas líneas caben, y en si la almohadilla se puede cambiar. Casi todos los automáticos usan una almohadilla de repuesto que se vende con el número de modelo marcado en el sello.
Sumadoras, engrapadoras y el ampo en la repisa:
la sumadora es la calculadora de escritorio que imprime cada cifra en un rollo de papel, para revisar la suma renglón por renglón. Casi todas las del mostrador de una ferretería o de un contador son Casio o Sharp. Algunas funcionan con baterías además del adaptador y otras solo conectadas, y eso pesa si va para un puesto de mercado. La engrapadora se escoge por la grapa que usa. Una estándar de escritorio cierra unas veinte hojas; una de uso pesado lleva grapas más largas y gruesas y atraviesa un informe entero, y las grapas de una no sirven en la otra. El archivador de palanca, que aquí casi todos llaman ampo por la marca, comparte repisa con folders, fasteners y clips. El archivero donde todo termina está en muebles de oficina, y el tóner y los cartuchos, en accesorios para impresoras.
Lo que vale una sumadora al lado de una resma de bond:
una sumadora nueva anda entre Q400 y Q1,000, y la usada se paga por su mecanismo de impresión, no por la cinta: el rodillo de tinta que gasta es un repuesto barato y estándar, así que una que imprime todos los dígitos parejos conserva buena parte de su valor. Con el papel pasa lo contrario. Una resma de bond tamaño carta anda por los Q35 nueva, lo que casi no deja margen de segunda: solo vale la pena ofrecer cajas selladas, a quien imprime mucho.
Sumadora, sello o engrapadora usada, probada en la mesa:
pida una cinta. Marque un número largo que use todos los dígitos, súmelo varias veces e imprima el total. Si un dígito sale débil o no sale nunca, la falla está en la rueda de impresión; si toda la cinta sale pareja pero clara, solo le falta rodillo nuevo. Revise que el papel avance derecho y que venga el adaptador. Un sello automático trae en la placa el nombre, el número de colegiado o la empresa de otra persona, así que lo que usted compra es el mecanismo, y solo si un fabricante de sellos le pone placa nueva a ese cuerpo. Presiónelo una docena de veces: debe regresar sin trabarse y marcar parejo hasta las esquinas. En un fechador, gire la banda del año y vea cuántos años le quedan. La engrapadora tiene que doblar las patas planas detrás de la hoja; si quedan abiertas, el yunque está gastado o la grapa es la equivocada.
Sellos, sumadoras y cajas de bond de un despacho que cierra:
los artículos de oficina usados casi siempre salen por mayor, cuando cierra un despacho contable o un negocio se cambia de local. Cuente todo, diga qué sigue sellado y fotografíelo con el empaque a la vista. De una sumadora, tome la foto con una cinta recién impresa a la par, y diga si van el adaptador y un rollo de repuesto. Antes de publicar un sello, quítele la placa de texto: lo que vende es el cuerpo, y un sello con su nombre y su número no debe irse con un desconocido. Quien arma un mostrador en Retalhuleu o en Huehuetenango va a preguntar si la sumadora funciona con baterías, porque no todo puesto tiene tomacorriente.