Pañales & Mantas
Compra y vende frazadas y arrullos para bebé en Guatemala.
En Guatemala a casi todo se le dice frazada: la muselina delgada que se tira sobre el carruaje, la frazadita de franela que la abuela le hizo orilla con tela comprada por yarda, el envolvente con alas de velcro y la de sherpa gruesa para una noche fría en el altiplano. Hay nuevas y usadas, y muchas de las usadas casi no se estrenaron, porque el bebé deja de ir envuelto mucho antes de que la tela se gaste. Pesan más el grosor y el tejido que el estampado: la frazada que sirve para una noche en Totonicapán es demasiado caliente para una tarde en Mazatenango.
Muselina, franela y sherpa, de la más fresca a la más caliente:
la muselina es una gasa de algodón abierta, cortada en cuadros grandes, que se suaviza con cada lavada. Por ser tan abierta, un cuadro hace muchos oficios: envolver al recién nacido, darle sombra al carruaje, atajar en el hombro la leche que devuelve. Las frazaditas de franela son de algodón perchado, más pequeñas y más calientes; vienen en paquete o se cosen en casa con tela comprada por yarda, y eso se nota en la orilla de zigzag o de punto de festón. Las de peluche, mink y sherpa, de poliéster, son el extremo caliente: muy gruesas para envolver bien al bebé, van encima de la silla del carro o del carruaje. Las sábanas ajustables y los edredones de cuna están en ropa de cama para bebés.
Envolventes y sacos para dormir frente al cuadro de tela:
el cuadro pide un doblez que cuesta aprender. El envolvente, que en las etiquetas importadas dice swaddle, lo resuelve con alas de velcro o con zíper, pero viene por tallas y el bebé las va dejando en semanas. Casi todas las familias dejan de envolver al bebé cuando empieza a querer darse la vuelta, así que uno con mangas de zíper que deja los brazos libres dura más. Después viene el saco para dormir, una bolsa sin mangas que va encima de la pijama y se escoge por edad; muchos traen una clasificación TOG que dice cuánto abriga. Los dos se usan dentro de la cuna, así que importa más el grosor de la tela que el estampado.
Frazadas para noches de altiplano y tardes de costa:
en Guatemala, la altura decide cuál se usa. En Totonicapán o San Marcos las noches se ponen lo bastante frías para capas de franela con una de sherpa encima. En Mazatenango o Puerto Barrios esa misma sherpa no sale del ropero y con una capa de muselina sobra. Por eso aparecen tantas frazadas usadas casi nuevas: le llegaron de regalo a una familia que vivía a la altura equivocada para ellas. Compra pensando en dónde duerme de verdad el bebé.
Una muselina junto a una frazada de sherpa:
nueva, una muselina suelta anda por los Q70 y una frazada gruesa de sherpa o mink llega a unos Q250. Usadas, muchas veces la barata aguanta mejor que la cara. La muselina está hecha para lavarse y solo se suaviza, así que un cuadro limpio y sin manchas todavía se vende, mientras que la sherpa que se apelmazó en la secadora perdió justo aquello por lo que se compró. En los envolventes manda el cierre: si el velcro todavía agarra, se venden; cuando ya no agarra, valen muy poco, hayan costado lo que hayan costado.
Velcro, orillas y pelo en una frazada usada:
aprieta cada ala de velcro y jálala con fuerza, porque si los ganchitos están llenos de pelusa se sueltan a media noche. Pon la muselina contra una ventana para ver partes ralas e hilos jalados, y revisa la orilla, que es donde empiezan los agujeros. Las manchas de leche que ya se pusieron amarillas casi nunca salen. En la sherpa y el mink, frota el pelo: las partes peladas y lo áspero y apelmazado vienen de una secadora muy caliente. Una frazadita de franela cosida en casa debe tener la orilla completa, sin esquinas abiertas. Y huélela: una frazada guardada meses en un ropero cerrado puede salir con olor a guardado, que se quita lavando; las manchas de moho, no.
Preparar un lote de frazadas para el siguiente bebé:
lava todo y toma foto de cada pieza extendida, más un acercamiento al velcro, al zíper y a la etiqueta de talla, porque sin etiqueta nadie sabe a qué bebé le queda el envolvente. Di la tela de cada una, cuántas van en el lote y cuáles nunca se usaron. Menciona si hay mascotas o se fuma en la casa: quien viene desde Sololá lo pregunta antes del viaje. Antes de meterlas en la bolsa, cierra cada tira de velcro sobre sí misma, para que los ganchitos no muerdan la muselina que va al lado.